Enfermedades de la sangre #

Imágenes sugeridas figura 3
Existe un sinnúmero de enfermedades hematológicas complejas que requieren la evaluación y el manejo especializado de un hematólogo. Las enfermedades hematológicas pueden ser primarias originadas en [...] o como expresión de enfermedades subyacentes. Estas incluyen: [...] en la práctica todos los componentes celulares de la sangre y del plasma son susceptibles de estar afectados y en consecuencia se expresan con las múltiples enfermedades para las cuales el hematólogo está capacitado para su diagnóstico, manejo y seguimiento [...]
Falta una buena introducción de las enfermedades de la sangre. Tablas?
Campo del hematólogo
Disminuidos
Aumentados
Erirocitos
Anemias: deficiencia de hierro, deficiencia de vitamina B12, deficiencia de ácido fólico, anemias hemolíticas congénitas (hemoglobinopatías y talasemia, esferocitosis hereditaria) anemia hemolíticas autoinmunes, anemia aplásica, anemia mieloptisica, (agregar otras incluidas en el texto)
Poliglobulia secundaria, policitemia rubra vera
Leucocitos
Leucopenia,
Leucocitosis
Plaquetas
Trombocitopenia autoinmune
Coagulación sanguínea
Defiencia de facteres de coagulación (hemoflilias y enfermedad de von Willebrand)
Enfermedades trombóticas, trombofilias
Organizar de acuerdo con el índice final
Anemias:
Anemia ferropénica refractaria.
Anemia perniciosa.
Anemia de células falciformes.
Talasemias y otras hemoglobinopatías.
Desórdenes de la coagulación:
Hemofilia A y B.
Enfermedad de von Willebrand.
Trombofilia (riesgo de trombosis).
Síndrome antifosfolípido.
Trastornos mieloproliferativos y mielodisplásicos:
Leucemia mieloide crónica.
Policitemia vera.
Trombocitemia esencial.
Síndrome mielodisplásico.
Leucemias y linfomas:
Leucemia linfoblástica aguda y crónica.
Leucemia mieloide aguda.
Linfomas de Hodgkin y no Hodgkin.
Mieloma múltiple.
Trastornos de las plaquetas:
Púrpura trombocitopénica idiopática (PTI).
Trombocitopenia inducida por heparina.
Síndrome de Bernard-Soulier.
Afecciones de sobrecarga o deficiencia de hierro:
Hemocromatosis.
Deficiencia de hierro sin respuesta al tratamiento oral.
Enfermedades autoinmunes hematológicas:
Anemia hemolítica autoinmune.
Síndrome de Evans (anemia hemolítica y trombocitopenia combinadas).
El hematólogo cuenta con el conocimiento especializado para realizar el diagnóstico y el tratamiento adecuado en estas patologías, así como para guiar el seguimiento y prevenir complicaciones.
Ver enfermedades relacionadas con Helicobacter pylori (crear un enlace con Helicobacter pylori)
Eritrocitos #

Imágenes sugeridas figura 5
Desde el punto de vista práctico, las enfermedades de los eritrocitos se presentan: (1) cuando la masa de los eritrocitos está disminuida, que se expresa como anemia; (2) cuando la masa de los eritrocitos está aumentada, que se expresa como eritrocitosis; y, (3) cuando los eritrocitos tienen alteraciones estructurales, como se analizará en detalle a continuación.
Anemia #
La anemia corresponde a la disminución de la masa de eritrocitos, lo que en la práctica clínica se determina por un nivel de hemoglobina por debajo del valor de referencia para la edad, el sexo y la altura sobre el nivel del mar a la que vive el paciente. En la tabla se muestran los niveles mínimos que determinan el diagnóstico de anemia y los grados de gravedad, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Tabla de la OMS
Tabla x. alores que definen la anemia de acuerdo con la OMS
Desde el punto de vista clínico, la anemia puede presentarse por múltiples circunstancias, que en la práctica se subdividen en tres grandes grupos a saber: (1) anemia por falta de nutrientes necesarios para la eritropoyesis; (2) anemia por daño de la medula ósea, el sitio donde se origina la eritropoyesis; y, (3) anemia por aumento de la destrucción de los eritrocitos, como se analizará a continuación.
Anemia por falta de nutrientes esenciales para la eritropoyesis #
La anemia por falta de nutrientes esenciales para la eritropoyesis se produce cuando el cuerpo no obtiene o no puede utilizar adecuadamente los nutrientes necesarios para la producción de eritrocitos. En este caso, los nutrientes más importantes son el hierro, la vitamina B12 y el ácido fólico, y cada uno de ellos puede dar origen a una forma diferente de anemia, como se describirá a continuación.
Deficiencia de hierro #
La deficiencia de hierro o ferropenia, con o sin anemia, es la situación más prevalente en la especie humana. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se estima que afecta al 25 % de la población mundial, siendo más grave en niños (42 %), mujeres embarazadas (42 %) y mujeres no embarazadas (30 %). La deficiencia de hierro se produce por múltiples razones, siendo las más frecuentes el sangrado crónico, como el que se asocia con menstruaciones abundantes, úlceras gástricas o duodenales, neoplasias digestivas y donaciones de sangre frecuentes. Además de estas causas, se produce ferropenia por ingesta deficiente de hierro en la dieta o por malabsorción del hierro debida a enfermedades gastrointestinales subyacentes, como la enfermedad celíaca, la enfermedad inflamatoria intestinal y la infección por Helicobacter pylori. También se produce deficiencia de hierro, de forma cada vez más frecuente, asociada al vegetarianismo y a las cirugías bariátricas. La deficiencia de hierro, dependiendo del grado de ferropenia y de la intensidad de la anemia, se manifiesta por fatiga y debilidad, palidez de la piel y de las mucosas, disnea y taquicardia, uñas quebradizas (coiloniquia) y caída del cabello. En algunos pacientes se presenta con pica, definida como un trastorno alimentario que se caracteriza por el deseo o la compulsión de ingerir sustancias no nutritivas y no alimenticias, como tierra, arcilla, tiza, hielo, cabello, papel y materia fecal, entre otras formas de pica.
Ver más Campuzano-Maya G. Pica: el síntoma olvidado. Medicina & Laboratorio. 2011; 17(11-12):533-52. https://www.medigraphic.com/pdfs/medlab/myl-2011/myl1111-12c.pdf. [131]
Otras referencias
Deficiencia de vitamina B12 #
La anemia por deficiencia de vitamina B12, también conocida como anemia megaloblástica o anemia perniciosa, se presenta cuando hay malabsorción de esta vitamina debido a condiciones que llevan a una atrofia del estómago y a una falta del factor intrínseco, necesario para su absorción. Este proceso es de origen inmunológico y está íntimamente relacionado con la infección por Helicobacter pylori. La deficiencia de vitamina B12 también puede presentarse en pacientes con antecedentes de cirugía gástrica, particularmente cirugía bariátrica, y en personas con dietas veganas. Los pacientes con anemia por deficiencia de vitamina B12, dependiendo de la intensidad de la anemia, presentan fatiga, debilidad, palidez de la piel y de las mucosas, y algunos de ellos manifiestan alteraciones neurológicas que incluyen hormigueo en las manos y en los pies, dificultad para la marcha y problemas de memoria, cuadro antiguamente conocido como "demencia perniciosa". (incluir hiperhomocisteinemia en estaos casos que se manifiesta por trombosis y otras )
Más información … hp
Deficiencia de ácido fólico #
También conocida como anemia megaloblástica por deficiencia de ácido fólico se presenta cuando la ingesta de ácido fólico es insuficiente para cubrir las necesidades de la eritropoyesis. La buena noticia es que, con los programas de fortificación obligatoria de alimentos con ácido fólico, esta deficiencia prácticamente ha desaparecido de la clínica y de los laboratorios clínicos.
Anemia por daño de la medula ósea #
Para una adecuada eritropoyesis es indispensable que el órgano productor de los eritrocitos esté intacto. La medula ósea Introducción al subtitulo[...] anemia asociada con enfermedad crónica, anemia aplásica, anemia mieloptisica, y la anemia de Fanconi entre otras.
Anemia asociada con enfermedad crónica #
La anemia de inflamación, también conocida como anemia de enfermedades crónicas, se asocia con procesos inflamatorios prolongados y es, después de la deficiencia de hierro, una de las anemias más comunes y complejas de diagnosticar en la práctica médica. Su desarrollo involucra varios mecanismos: (1) alteraciones en el metabolismo del hierro, ya que la inflamación crónica eleva los niveles de hepcidina, una proteína que reduce la liberación de hierro desde los macrófagos y su absorción intestinal, disminuyendo así la disponibilidad de este mineral para la eritropoyesis; (2) producción reducida de eritropoyetina, hormona sintetizada en los riñones que se encuentra disminuida en enfermedades crónicas inflamatorias, limitando la eritropoyesis y reduciendo la masa total de eritrocitos; y (3) respuesta inadecuada de la médula ósea, que puede presentarse incluso cuando los niveles de hierro y eritropoyetina son adecuados, debido al efecto directo del estado inflamatorio sobre los precursores eritroides. Las causas principales incluyen enfermedades inflamatorias autoinmunes (lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoide), infecciones crónicas (tuberculosis, endocarditis), neoplasias (cáncer, linfomas) y enfermedades crónicas de órganos (insuficiencia renal, hepática y cardíaca). La sintomatología es similar a la de la anemia por deficiencia de hierro y guarda proporción con el grado de reducción de la hemoglobina y con la enfermedad subyacente.
Anemia aplásica #
La anemia aplásica resulta de la falla de la médula ósea para producir suficientes células sanguíneas, incluidos los eritrocitos. En esta enfermedad, usualmente también hay leucopenia (disminución de leucocitos) y trombocitopenia (disminución de plaquetas). La anemia aplásica puede ser de origen idiopático o secundaria a las siguientes causas: (1) quimioterapia y radioterapia en el tratamiento del cáncer, algunos medicamentos (como cloranfenicol, antiinflamatorios y otros fármacos) y toxinas (benceno, pesticidas y solventes); (2) infecciones, especialmente de tipo viral, como las causadas por el virus de la hepatitis, el virus de Epstein-Barr, el virus de la inmunodeficiencia humana y el parvovirus B19; (3) enfermedades congénitas, como la anemia de Fanconi y la disqueratosis congénita; y (4) enfermedades autoinmunes, como el lupus eritematoso sistémico. Clínicamente, la anemia aplásica se manifiesta por fatiga, debilidad, palidez y dificultad para respirar (debido a la anemia), así como infecciones recurrentes por la leucopenia concomitante y problemas de coagulación o sangrado por la trombocitopenia asociada.
Anemia mieloptísica #
La anemia mieloptísica se presenta cuando la médula ósea es reemplazada o infiltrada por tejidos anormales, de origen benigno o maligno, que desplazan o destruyen el tejido hematopoyético, reduciendo de esta manera la hematopoyesis y provocando anemia, leucopenia y trombocitopenia. Esta anemia puede ser causada por: (1) invasión de la médula ósea por enfermedades malignas primarias, como leucemias, linfomas y mieloma múltiple; (2) metástasis de otras neoplasias sólidas, como cáncer de próstata, mama y pulmón; (3) trastornos fibrosantes, como la mielofibrosis primaria o secundaria; (4) enfermedades infecciosas, como tuberculosis, histoplasmosis y otras micosis; y (5) enfermedades granulomatosas, como la sarcoidosis, entre otras causas. Las manifestaciones clínicas dependen de la gravedad de la anemia y de la enfermedad subyacente.
Anemia por aumento en la destrucción de los eritrocitos #
Mejor conocida como anemia hemolítica, se define como una disminución de la masa de eritrocitos como resultado de la hemolisis, un proceso que destruye prematuramente los eritrocitos que normalmente viven 120 días. Esta destrucción puede ser intravascular, cuando ocurre en los vasos sanguíneos, o extravascular, cuando se presenta en el bazo y el hígado. La anemia hemolítica se clasifica según la etiología, en dos grandes grupos: hereditarias y adquiridas, como se analizará a continuación.
Anemias hemolíticas hereditarias #
Corresponden a un amplio grupo de anemias relacionadas con defectos estructurales de los eritrocitos, que afectan la estructura de la hemoglobina, la membrana de los eritrocitos y las enzimas intracelulares, como se analizará a continuación.
Defectos estructurales de la hemoglobina #
Los defectos estructurales de la hemoglobina son alteraciones genéticas que afectan la estructura de la molécula de hemoglobina, modificando su función y estabilidad. Desde el punto de vista de las alteraciones que se presentan en la síntesis de la hemoglobina, existen dos grandes grupos: las hemoglobinopatías y las talasemias. Para entender estas enfermedades es indispensable retomar la estructura de la hemoglobina, como se muestra en la figura X. La hemoglobina es una proteína tetrámera que consta de cuatro cadenas polipeptídicas con estructura primaria (secuencia de aminoácidos) diferente. La hemoglobina presente en los adultos (HbA) tiene dos cadenas α (alfa) y dos cadenas β (beta). La cadena α consta de 141 aminoácidos con una secuencia específica, mientras que la cadena β consiste en 146 aminoácidos con una secuencia diferente. Estas cadenas son codificadas por genes distintos. Las cadenas δ (delta) y γ (gamma), presentes en otros tipos de hemoglobina humana —como la hemoglobina fetal (HbF)—, son muy similares a la cadena β. La estructura tetrámera de los tipos comunes de hemoglobina humana es la siguiente: HbA1 (α2β2), HbF (α2γ2) y HbA2 (α2δ2), siendo este último el menos común en los adultos. Las enfermedades asociadas con la estructura de la hemoglobina se subdividen en dos grandes grupos: hemoglobinopatías y talasemias.
Hemoglobinopatías #
Las hemoglobinopatías son trastornos hereditarios cualitativos de la hemoglobina, causados por mutaciones puntuales en los genes de las cadenas de globina (principalmente α o β) que alteran la estructura de la molécula y, en consecuencia, su función y estabilidad. La más frecuente y grave es la anemia de células falciformes (hemoglobina S, HbS), producida por la sustitución del ácido glutámico por valina en la posición 6 de la cadena β. Esta mutación reduce la solubilidad de la hemoglobina cuando se desoxigena, formando polímeros que deforman al eritrocito dándole forma de hoz. Estos glóbulos rojos falciformes son rígidos, obstruyen la microcirculación y se destruyen prematuramente. Las manifestaciones clínicas incluyen anemia hemolítica crónica, crisis vasooclusivas dolorosas (en huesos, abdomen, pulmón –síndrome torácico agudo–, cerebro –accidente vascular–), secuestro esplénico, infecciones por asplenia funcional, retinopatía y úlceras en miembros inferiores. El diagnóstico se confirma con electroforesis de hemoglobina (HbS predominante) o HPLC, y la confirmación genética es útil para el consejo reproductivo. El tratamiento incluye hidroxiurea para reducir las crisis, transfusiones crónicas para prevenir complicaciones, ácido fólico, manejo del dolor y, en pacientes seleccionados, trasplante de células madre hematopoyéticas, única opción curativa.
Otras hemoglobinopatías menos frecuentes pero relevantes son: hemoglobina C (HbC) (sustitución del ácido glutámico por lisina en la posición 6 de la cadena β), que cristaliza dentro del eritrocito causando hemólisis leve a moderada, esplenomegalia y, en homocigosis, anemia hemolítica de intensidad variable. La hemoglobina E (HbE) (sustitución del ácido glutámico por lisina en la posición 26 de la cadena β), muy prevalente en el sudeste asiático, produce una globina β estructuralmente anormal e inestable, con anemia microcítica leve en homocigotos; pero su coinheritancia con β-talasemia genera cuadros graves de anemia dependiente de transfusiones. Las hemoglobinas inestables (más de 100 variantes, como Hb Köln) son consecuencia de mutaciones que desestabilizan la molécula, provocando su precipitación intraeritrocitaria (cuerpos de Heinz) y anemia hemolítica, ictericia y esplenomegalia, con exacerbación por fármacos oxidantes. El diagnóstico de estas hemoglobinopatías se basa en pruebas electroforéticas, cromatografía líquida de alta resolución (HPLC) y estudios moleculares. El manejo de las formas leves es sintomático, mientras que las graves pueden requerir transfusiones, esplenectomía o trasplante. En todas ellas, la consejería genética es fundamental.
Talasemias #
fundamental distinguir entre hemoglobinopatías y talasemias, pues aunque ambas son trastornos hereditarios de la hemoglobina, su mecanismo es diferente. Las hemoglobinopatías son alteraciones cualitativas: mutaciones puntuales que producen una hemoglobina estructuralmente anormal (como la HbS en la anemia falciforme). Las talasemias, en cambio, son trastornos cuantitativos: mutaciones que reducen o eliminan la síntesis de una o más cadenas de globina (α o β), sin generar una hemoglobina anormal, sino un desequilibrio en la producción de cadenas. Este desequilibrio conduce a la acumulación de las cadenas en exceso, que precipitan y dañan los precursores eritroides, causando eritropoyesis ineficaz y hemólisis periférica.
Talasemias alfa: Son causadas por deleciones o mutaciones que afectan los cuatro genes que codifican la cadena α (dos en cada cromosoma 16). La disminución en la producción de cadenas α provoca un exceso relativo de cadenas β y γ. En el adulto, el exceso de cadenas β forma tetrámeros inestables llamados hemoglobina H (HbH), que precipitan en los eritrocitos viejos, produciendo hemólisis. En el feto, el exceso de cadenas γ forma hemoglobina Bart (Hb Bart), que tiene alta afinidad por el oxígeno, causando hipoxia tisular. Las manifestaciones clínicas varían según el número de genes afectados: la pérdida de un gen es asintomática; dos genes produce talasemia alfa minor (anemia microcítica leve); tres genes genera enfermedad de HbH (anemia hemolítica moderada a severa, esplenomegalia, ictericia); la pérdida de los cuatro genes es incompatible con la vida (hidropesía fetal).
Talasemias beta: Son secundarias a mutaciones en el gen de la cadena β (cromosoma 11). El déficit de cadenas β genera un exceso de cadenas α libres, que precipitan en los precursores eritroides de la médula ósea, causando muerte celular prematura (eritropoyesis ineficaz) y hemólisis de los eritrocitos que logran madurar. La gravedad clínica se clasifica en: talasemia beta minor (un gen mutado, asintomática o anemia microcítica leve), talasemia beta intermedia (mutaciones más graves, anemia moderada, generalmente sin necesidad de transfusiones regulares) y talasemia beta major (anemia severa desde el primer año de vida, hepatoesplenomegalia marcada, deformidades óseas por hiperplasia medular, ictericia y sobrecarga de hierro por absorción intestinal aumentada). El diagnóstico se basa en hemograma (anemia microcítica hipocrómica con índices eritrocitarios bajos), electroforesis de hemoglobina (HbA2 elevada en beta-talasemia; HbH o Hb Bart en alfa-talasemia) y estudios genéticos.
Figura x. Representación esquemática de una molécula de hemoglobina compuesta por cuatro cadena de globina, dos cadenas α (azules) y dos cadenas β (verdes) y cuatro hemo que contienen un átomo de hierro en su centro.
Hemoglobinopatías #
Las hemoglobinopatías son enfermedades hereditarias causadas por mutaciones en los genes de las cadenas de globina, que generan anomalías estructurales en la hemoglobina. Hasta la fecha se han descrito más de 1000 hemoglobinopatías, cuyo significado clínico varía desde formas graves hasta variantes insignificantes. Existen dos tipos de presentación: las formas homocigotas (afectan ambas copias del gen de la cadena de globina, generalmente por el cambio de un aminoácido en la cadena α o β) y se denominan enfermedad; y las formas heterocigotas (afectan solo una de las dos copias) y se denominan rasgo. Para comprenderlo mejor, se toma como ejemplo la hemoglobinopatía más frecuente y clínicamente más relevante, la anemia falciforme, con sus dos presentaciones: enfermedad HbSS (homocigota) y rasgo HbAS (heterocigota), siendo el patrón de referencia normal la HbAA. A continuación, se analizan las hemoglobinopatías más importantes desde el punto de vista clínico.
Anemia falciforme. También conocida como drepanocitosis, anemia drepanocítica o simplemente como HbSS
Anemia falciforme. También conocida como drepanocitosis, anemia drepanocítica o hemoglobinopatía SS (HbSS), es una enfermedad hereditaria causada por una mutación en el gen de la globina β, en la que el ácido glutámico es reemplazado por valina en la posición 6 de la cadena β. Este cambio estructural se manifiesta con eritrocitos en forma de medialuna o de hoz que aparecen cuando disminuye la concentración de oxígeno en la sangre. Esta situación conduce a hemólisis y, en los pacientes con enfermedad SS, a crisis oclusivas dolorosas, mayor susceptibilidad a infecciones y daño orgánico progresivo. Por otra parte, el rasgo de hemoglobina S (HbAS) suele ser asintomático.
Hemoglobinopatía C. Es una enfermedad hereditaria causada por una mutación en el gen de la globina β, en la que el ácido glutámico es reemplazado por lisina en la posición 6 de la cadena β (Glu6Lis). Este cambio estructural se manifiesta con eritrocitos característicos en forma de células en diana, sombrero mexicano o codocitos. Los pacientes con enfermedad por hemoglobina C (HbCC) presentan anemia hemolítica moderada, mientras que los pacientes con rasgo (HbAC) son totalmente asintomáticos.
Hemoglobinopatía SC. Es una forma de hemoglobinopatía que ocurre cuando una persona hereda un gen de hemoglobina S (HbS) de un padre y un gen de hemoglobina C (HbC) del otro. Clínicamente, la hemoglobina SC es una de las variantes del espectro de la enfermedad de células falciformes, pero por lo general es menos grave que la anemia de células falciformes (HbSS).
Hemoglobinopatía E. Es una enfermedad hereditaria causada por una mutación que cambia el ácido glutámico por lisina en la posición 26 de la cadena β de globina. Las formas homocigotas (HbEE) suelen cursar con una anemia leve de tipo microcítica (volumen corpuscular medio por debajo de 80 fL), mientras que las formas heterocigotas (HbAE) son asintomáticas.
Talasemias #
[.
Defectos en la membrana de los eritrocitos #
En este grupo se incluyen la esferocitosis hereditaria, la ovalocitosis hereditaria, la estomatocitosis hereditaria, la acantocitosis y la dacriocitosis, entre otras anemias relacionadas con los defectos de la membrana de los eritrocitos.
Esferocitosis hereditaria. Es una enfermedad hereditaria causada por defectos en las proteínas del citoesqueleto de la membrana del eritrocito, como la espectrina, la anquirina, la banda 3 o la proteína 4.2, que se caracteriza porque los eritrocitos se vuelven esféricos (esferocitos), lo que los hace menos deformables y más propensos a ser destruidos en el bazo. La esferocitosis hereditaria se manifiesta por anemia hemolítica, ictericia, esplenomegalia y episodios de crisis aplásicas.
Ovalocitosis hereditaria: también conocida como eliptocitosis, es una enfermedad hereditaria causada por mutaciones en genes que codifican proteínas del citoesqueleto, como la espectrina y la proteína 4.1, que se caracteriza porque los eritrocitos adoptan una forma elíptica u ovalada (eliptocitos). La ovalocitosis hereditaria se manifiesta por anemia hemolítica de leve a moderada, aunque muchas personas pueden ser asintomáticas.
Estomatocitosis hereditaria: es una alteración en la permeabilidad de la membrana del eritrocito que provoca un exceso de entrada de sodio y agua, y se caracteriza porque los eritrocitos tienen una forma de boca con una hendidura central. La estomatocitosis hereditaria se manifiesta por anemia hemolítica, esplenomegalia y aumento del riesgo de trombosis.
Acantocitosis: puede ser hereditaria (como en la neuroacantocitosis) o adquirida (como en hepatopatías graves), y se caracteriza porque los eritrocitos tienen proyecciones espinosas en su superficie (acantocitos). La acantocitosis hereditaria se manifiesta por anemia hemolítica, problemas neurológicos y trastornos del metabolismo de los lípidos.
Dacriocitosis (eritrocitos en lágrima): ocurre en diversos trastornos con compromiso de la médula ósea, como mielofibrosis, anemias graves y enfermedades infiltrativas de la médula ósea, y se caracteriza porque los eritrocitos tienen una forma de lágrima o gota. La dacriocitosis se manifiesta de acuerdo con la condición subyacente.
En la figura x se muestran las alteraciones de la membrana de los eritrocitos descritas.
Figura x.
Denominación
Extendido de sangre periférica
Característica
Esferocitosis hereditaria
Ovalocitosis hereditaria
Estomatocitosis hereditaria
Acantocitosis
Dacriocitos
Alteraciones enzimáticas de los eritrocitos #
Las alteraciones enzimáticas de los eritrocitos pueden llevar a una variedad de trastornos hemolíticos. Estas alteraciones afectan el metabolismo celular y la integridad de la membrana del eritrocito, lo que puede resultar en su destrucción prematura. A continuación, se describen algunas de las alteraciones enzimáticas más representativas de los eritrocitos, incluidas la deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, de piruvato quinasa, de hexoquinasa, de fosfofructoquinasa, de trifosfato isomerasa y de glucosa-6-fosfato-isomerasa, entre otras deficiencias enzimáticas.
Deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6PD): Es la alteración enzimática más común en los eritrocitos. La G6PD es esencial para la vía de las pentosas fosfato, que protege a los eritrocitos del daño oxidativo. Desde el punto de vista clínico, la deficiencia de G6PD puede provocar episodios de hemólisis aguda, especialmente después de la exposición a medicamentos (como sulfas, quinolonas, antimaláricos, aspirina y AINEs), infecciones (meningitis, neumonía, hepatitis viral, malaria y virus de Epstein-Barr) y por la ingestión de habas (favismo).
Deficiencia de piruvato quinasa (PK): La PK es una enzima clave en la glicólisis, y su deficiencia resulta en una disminución de la producción de ATP, afectando la supervivencia de los eritrocitos. Desde el punto de vista clínico, la deficiencia de piruvato quinasa causa anemia hemolítica crónica de severidad variable.
Deficiencia de hexoquinasa: La hexoquinasa es la enzima que cataliza la fosforilación de la glucosa en glucosa-6-fosfato, en la primera etapa del glicólisis. Desde el punto de vista clínico, su deficiencia puede provocar una anemia hemolítica no esferocítica.
Deficiencia de fosfofructoquinasa (PFK): La PFK es una enzima importante en la glicólisis, y su deficiencia altera la producción de ATP. Desde el punto de vista clínico, la deficiencia de PFK puede provocar una anemia hemolítica crónica y miopatía en algunos casos.
Deficiencia de triosa-fosfato isomerasa (TPI): Esta enzima participa en la interconversión de dihidroxiacetona fosfato y gliceraldehído-3-fosfato en la glicólisis. Desde el punto de vista clínico, su deficiencia es rara, pero puede causar anemia hemolítica y problemas neurológicos severos.
Deficiencia de glucosa-6-fosfato isomerasa (GPI): Esta enzima también desempeña un papel en la glicólisis. Desde el punto de vista clínico, su deficiencia puede provocar anemia hemolítica crónica.
Anemias hemolíticas adquiridas #
Las anemias hemolíticas adquiridas corresponden a un grupo de anemias, que a diferencia alas anemias hemolíticas hereditarias, usualmente están relacionadas con una enfermedad subyacente. Se incluyen en este grupo la anemia hemolítica autoinmune, la anemia hemolítica microangiopática, la hemoglobinuria paroxística nocturna y las anemias hemolíticas por infecciones y las transfusionales.
Anemia hemolítica autoinmune #
Esta forma de anemia es un trastorno en el cual el sistema inmunológico produce anticuerpos que atacan y destruyen los eritrocitos, ya sea en la circulación (hemólisis intravascular) o en el bazo y el hígado (hemólisis extravascular). La anemia hemolítica autoinmune puede ser idiopática (de origen desconocido) o secundaria, asociada con enfermedades autoinmunes (como el lupus eritematoso sistémico, el síndrome de Sjögren y la artritis reumatoide), con infecciones (como el virus de Epstein-Barr, el virus de la inmunodeficiencia humana y Mycoplasma pneumoniae), con neoplasias (como linfomas y leucemias, incluyendo la leucemia linfocítica crónica), con algunos medicamentos (como la penicilina, la quinina y las sulfonamidas), y con hepatitis autoinmune, entre otras muchas causas subyacentes.
Anemia hemolítica microangiopática #
La anemia hemolítica microangiopática es un tipo de anemia hemolítica caracterizada por la destrucción de los glóbulos rojos debido a daño en la microvasculatura. En esta condición, los glóbulos rojos se fragmentan al pasar a través de vasos sanguíneos pequeños (capilares) que están anormalmente estrechados o dañados, lo que lleva a la presencia de eritrocitos fragmentados, conocidos como esquistocitos, en la sangre periférica. La anemia hemolítica microangiopática puede presentarse asociada a las siguientes entidades: (1) púrpura trombótica trombocitopénica, un trastorno raro en el que se forman coágulos pequeños en los vasos sanguíneos de todo el cuerpo, lo que lleva a la destrucción de glóbulos rojos y plaquetas; (2) síndrome hemolítico urémico, una complicación que a menudo se asocia con infecciones bacterianas, como las producidas por Escherichia coli generadoras de toxinas, que causan daño endotelial y formación de microtrombos en los pequeños vasos sanguíneos de los riñones; (3) síndrome HELLP, acrónimo que describe un síndrome que puede ocurrir durante el embarazo, particularmente en el tercer trimestre, asociado con preeclampsia, y que se caracteriza por hemólisis (H), elevación de enzimas hepáticas (EL) y trombocitopenia (LP, del inglés low platelets); (4) hipertensión maligna, en la cual la presión arterial extremadamente elevada puede causar daño en las paredes de los vasos sanguíneos pequeños, lo que lleva a la fragmentación de los glóbulos rojos y a hemólisis subsecuente; y (5) sepsis y shock séptico, que pueden producir daño endotelial sistémico y coagulación intravascular diseminada, contribuyendo así a la hemólisis microangiopática.
Hemoglobinuria paroxística nocturna #
La hemoglobinuria paroxística nocturna (HPN) es una enfermedad clonal (es decir, originada a partir de la proliferación de una sola célula madre hematopoyética mutada) adquirida de las células madre hematopoyéticas, que da lugar a células sanguíneas deficientes en proteínas reguladoras de la membrana (como CD55 y CD59). Esta deficiencia permite la activación incontrolada del complemento, lo que provoca lisis intravascular de los eritrocitos, especialmente durante el sueño. Clínicamente, se manifiesta por episodios de hemólisis crónica, hemoglobinuria (orina de color oscuro al despertar), fatiga, disnea y trombosis recurrentes en localizaciones atípicas, como las venas abdominales o cerebrales.
Anemia hemolítica por infecciones #
Diversas infecciones pueden causar anemia hemolítica a través de diferentes mecanismos. En la malaria, producida por parásitos del género Plasmodium, los eritrocitos parasitados se destruyen durante la reproducción intracelular y la liberación de nuevos merozoítos, generando hemólisis tanto intra como extravascular. Por otra parte, Clostridium perfringens produce toxinas como la toxina alfa (lecitinasa), que degrada los fosfolípidos de la membrana del eritrocito, provocando lisis masiva, hemoglobinuria y falla renal aguda, especialmente en infecciones graves o sepsis. Otras infecciones con potencial hemolítico incluyen la babesiosis, la bartonelosis y algunas infecciones virales (como el virus de EpsteinBarr y el citomegalovirus), principalmente en pacientes inmunocomprometidos.
Anemia hemolítica alotransfusional #
La anemia hemolítica alotransfusional se presenta cuando un paciente recibe una transfusión de sangre incompatible con su grupo sanguíneo (sistemas ABO o Rh), lo que desencadena una respuesta inmune mediada por anticuerpos preformados contra los antígenos presentes en los eritrocitos del donante. Estos anticuerpos activan el sistema del complemento, provocando hemólisis intravascular aguda, generalmente en minutos u horas después de la transfusión. Clínicamente, se manifiesta por fiebre, escalofríos, dolor lumbar, hemoglobinuria (orina oscura), hipotensión, falla renal aguda y coagulación intravascular diseminada en casos graves. La prevención se basa en la tipificación sanguínea rigurosa y las pruebas de compatibilidad cruzada antes de cada transfusión.
Eritrocitosis #
La eritrocitosis o poliglobulia, es definida como aumento de la masa de eritrocitos que se expresa en los niveles de hemoglobina, la proteína que representa33% del eritrocito, de acuerdo con la edad, el género y la altura sobre el nivel del mar donde vive el paciente. La eritrocitosis en la clínica se correlaciona mejor con el hematocrito que con la hemoglobina, que expresa, en porcentaje, la masa de eritrocitos que constituyen la sangre, que en ausencia de enfermedad debe oscilar entre 40% y 54% en hombres adultos y entre 36% y 48% en mujeres adultas. A su vez, la eritrocitosis se subdivide en primaria y secundaria.
Eritrocitosis primaria #
La eritrocitosis primaria es una manifestación de daño clonal a nivel de los precursores eritroides en la médula ósea, siendo la policitemia rubra vera la entidad más representativa de esta situación.
Policitemia rubra vera #
La policitemia rubra vera es un trastorno mieloproliferativo crónico caracterizado por un aumento autónomo e independiente de la producción de glóbulos rojos, incluso en niveles bajos de eritropoyetina. Además de la eritrocitosis típica de la enfermedad, los pacientes afectados pueden experimentar síntomas clínicos como fatiga, cefalea, mareos, prurito (picazón), eritromelalgia (dolor y enrojecimiento en manos y pies), esplenomegalia y un mayor riesgo de trombosis. La mayoría de los casos están asociados con una mutación en el gen JAK2 (V617F), que provoca una señalización continua para la producción de los eritrocitos, lo que resulta muy útil para el diagnóstico diferencial. Es relevante mencionar que, en la policitemia rubra vera, también pueden se presentar leucocitosis y trombocitosis como parte integral del cuadro hematológico. Manifestación de prurito después del baño, conocida como xx.
Eritrocitosis secundaria #
A diferencia de la policitemia rubra vera, que es de origen clonal, la eritrocitosis secundaria suele presentarse como resultado de hipoxia crónica (estados de baja oxigenación) o por aumento de los niveles de eritropoyetina asociado con una enfermedad subyacente. Esta forma de eritrocitosis se presenta en múltiples situaciones médicas, en particular en enfermedades pulmonares crónicas, algunas cardiopatías congénitas y el síndrome de apnea obstructiva del sueño como se analizará a continuación.
Enfermedades pulmonares crónicas #
Enfermedades como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el enfisema y la fibrosis pulmonar pueden provocar hipoxia crónica, estimulando la producción compensatoria de eritropoyetina y aumentando la eritropoyesis. Las manifestaciones clínicas, además de la eritrocitosis (con aumento en recuento de eritrocitos, de , son las propias de la enfermedad de base: disnea (dificultad para respirar), tos crónica, fatiga y cianosis (coloración azulada o grisácea de uñas, labios y región periorbitaria). A este grupo puede agregarse la eritrocitosis inducida por intoxicación con monóxido de carbono en fumadores de tabaco y en personas expuestas al humo de leña.
Cardiopatías congénitas #
La tetralogía de Fallot es una de las cardiopatías congénitas más representativas de este grupo. La eritrocitosis en esta condición es una respuesta del organismo a la hipoxemia causada por la mezcla de sangre arterial oxigenada con sangre venosa desoxigenada a través de la comunicación interventricular, junto con la estenosis pulmonar, la hipertrofia ventricular derecha y la aorta cabalgante. La hipoxia resultante estimula la producción de eritropoyetina, que a su vez aumenta la eritropoyesis como mecanismo compensatorio. La corrección quirúrgica de los defectos cardíacos generalmente resuelve la eritrocitosis al mejorar la oxigenación sanguínea.
Síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS) #
Este síndrome se caracteriza por episodios recurrentes de obstrucción de la vía aérea superior durante el sueño, lo que genera hipoxia intermitente, hipercapnia y microdespertares. Además de la eritrocitosis secundaria, los pacientes presentan ronquidos fuertes, pausas respiratorias presenciadas por terceros, somnolencia diurna excesiva, cefaleas matutinas, deterioro cognitivo y mayor riesgo cardiovascular. El diagnóstico se confirma mediante polisomnografía. El tratamiento con presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) corrige la hipoxia nocturna y normaliza los niveles de eritrocitos en la mayoría de los casos.
Otras causas menos frecuentes de eritrocitosis secundaria incluyen la exposición a grandes alturas, tumores productores de eritropoyetina (como carcinoma renal o hepatocarcinoma) y enfermedades renales quísticas.
Otras causas de eritrocitosis secundaria #
Además de la hipoxia crónica por enfermedad pulmonar o apnea del sueño, la eritrocitosis secundaria puede obedecer a otras causas bien definidas. Los tumores productores de eritropoyetina, especialmente los de origen renal (carcinoma de células claras), hepático, uterino o cerebeloso, secretan esta hormona de forma ectópica, estimulando la hiperproducción de eritrocitos; las manifestaciones dependen del tumor (pérdida de peso, dolor, síntomas del órgano afectado). El uso de andrógenos o esteroides anabólicos (frecuente en deportistas o por prescripción médica) incrementa la eritropoyesis, y cursa con eritrocitosis, aumento de la masa muscular, cambios de humor y efectos secundarios propios de estos fármacos. La residencia prolongada a gran altitud genera hipoxia crónica que eleva la eritropoyetina, produciendo eritrocitosis fisiológica, disnea de esfuerzo y fatiga. Por último, la deshidratación severa (por vómitos, diarrea, escasa ingesta de agua, etc.) reduce el volumen plasmático, lo que aumenta aparentemente el hematocrito y el recuento de eritrocitos (seudoeritrocitosis); se acompaña de sed intensa, mucosas secas, oliguria y otros signos de depleción de volumen. En todos estos casos, la correcta identificación de la causa orienta el tratamiento y evita medidas innecesarias.
Otras alteraciones de los eritrocitos #
No necesariamente asociados con el desarrollo de anemia hay otras alteraciones que tienen relación con la integridad de los eritrocitos y de estas las más representativas son las porfirias y el síndrome de Gilbert.
Porfirias #
Las porfirias corresponden a un grupo de trastornos metabólicos raros causados por anomalías en la vía de síntesis del hemo, molécula esencial para la hemoglobina y otras proteínas, que provocan la acumulación excesiva de precursores del hemo (porfirinas y sus derivados) en el organismo. Según el sitio de acumulación, se clasifican en hepáticas o eritropoyéticas. Los síntomas varían según el tipo específico de porfiria, el órgano más afectado (hígado o médula ósea) y los factores desencadenantes, y se agrupan en dos categorías principales. Los síntomas neuroviscerales (agudos) incluyen dolor abdominal severo, náuseas, vómitos, debilidad muscular, neuropatías, convulsiones, hipertensión arterial, taquicardia y alteraciones psiquiátricas como ansiedad, confusión, alucinaciones y cambios de personalidad; la orina puede tornarse oscura, roja o marrón por la excreción de porfirinas. Los síntomas cutáneos comprenden fotosensibilidad, fragilidad de la piel, e hiper o hipopigmentación en las áreas expuestas al sol. Es frecuente que las personas afectadas tengan una vida aparentemente sana, y los síntomas suelen aparecer solo durante las exacerbaciones, a menudo asociadas con anemia. El diagnóstico temprano y la evitación de factores desencadenantes (como ciertos fármacos, alcohol y ayuno) son clave para prevenir las crisis agudas y las complicaciones cutáneas.
Síndrome de Gilbert #
El síndrome de Gilbert es una enfermedad hereditaria de carácter autosómico recesivo, caracterizada por un aumento intermitente de la bilirrubina, especialmente la bilirrubina indirecta o no conjugada, debido a una deficiencia parcial de la enzima glucuroniltransferasa. Es una condición relativamente común, presente en el 3% al 10% de la población general, con mayor prevalencia en hombres. Generalmente asintomático, el síndrome de Gilbert puede provocar ictericia leve en situaciones de estrés, esfuerzo físico, insomnio, ayuno, infecciones o tras el uso de ciertos medicamentos como paracetamol y rifampicina, que aumentan la concentración de bilirrubina en la sangre. Los pacientes con síndrome de Gilbert con frecuencia hacen cálculos biliares por bilirrubina. Es un trastorno benigno que no requiere tratamiento, ya que no causa complicaciones ni afecta la expectativa de vida. Además, el síndrome de Gilbert parece tener un efecto protector contra enfermedades cardiovasculares, posiblemente relacionado con la acción antioxidante de la bilirrubina.
Ver más Campuzano-Maya G. Síndrome de Gilbert ¿qué es y cómo diagnosticarlo? Medicina & Laboratorio. 2006; 12(7-8):311-23. https://pesquisa.bvsalud.org/portal/resource/pt/lil-473062#:~:text=El%20s%C3%ADndrome%20de%20Gilbert%20es,responsable%20del%20proceso%20de%20conjugaci%C3%B3n. [92]
Ver más Campuzano-Maya G. Utilidad clínica del extendido de sangre periférica: los eritrocitos. Medicina & Laboratorio. 2008; 14(7-8):311-57. https://www.medigraphic.com/pdfs/medlab/myl-2008/myl087-8b.pdf [105]
Leucocitos #

Imágenes sugeridas figura 6
Las enfermedades de los leucocitos se definen en función del recuento total de leucocitos y el recuento diferencial de leucocitos, como se analizará a continuación.
Alteraciones en el recuento total de los leucocitos #
El recuento total de leucocitos puede estar elevado o disminuido, situación que se denomina leucocitosis y leucopenia, respectivamente.
Leucocitosis #
La leucocitosis es el término médico que se refiere al aumento anormal del número de leucocitos en sangre, siendo en el adulto superior a 11.000 leucocitos por µL. No es una enfermedad en sí misma, sino un signo que puede indicar diversas condiciones subyacentes, entre las que se incluyen infecciones (bacterianas, virales, fúngicas o parasitarias), estados inflamatorios crónicos (como artritis reumatoide y enfermedad inflamatoria intestinal), neoplasias hematológicas (leucemias y linfomas) y enfermedades inmunológicas (lupus eritematoso sistémico). Según el tipo celular que predomine en el recuento diferencial, la leucocitosis se clasifica en neutrofilia, eosinofilia, linfocitosis, monocitosis o basofilia, cada una con implicaciones clínicas específicas que serán analizadas más adelante.
Leucopenia #
La leucopenia corresponde a un recuento de leucocitos por debajo del valor esperado, que en el adulto es inferior a 4.000 leucocitos por µL. Puede ser causada por múltiples factores que afectan la producción, la maduración o la destrucción de los leucocitos. Entre las principales causas se incluyen infecciones virales (como VIH, hepatitis y gripe) e infecciones bacterianas graves o sepsis, debido al consumo excesivo y destrucción de leucocitos. También puede estar asociada con medicamentos (antibióticos, antipsicóticos, antidepresivos, inmunosupresores) y con tratamientos como radioterapia y quimioterapia en pacientes con enfermedades malignas. Asimismo, se produce leucopenia cuando hay enfermedades que comprometen la médula ósea, como la anemia aplásica, las leucemias agudas en etapas iniciales y el síndrome mielodisplásico. Es frecuente en pacientes con trastornos autoinmunes (lupus eritematoso sistémico) y con deficiencias nutricionales, en particular de vitamina B12 y cobre. Algunos trastornos congénitos también cursan con leucopenia: el síndrome de Schwachman-Diamond, un trastorno autosómico recesivo que afecta el páncreas, los huesos y la médula ósea, conduciendo a insuficiencia medular y leucopenia (generalmente a expensas de neutropenia); y el síndrome de Chediak-Higashi, otro trastorno autosómico recesivo que afecta los lisosomas de los leucocitos, comprometiendo su capacidad para combatir infecciones y caracterizándose por infecciones recurrentes, problemas neurológicos y albinismo parcial. La evaluación de la leucopenia requiere un enfoque sistemático que incluya historia clínica, examen físico y estudios de laboratorio específicos.
Alteraciones en el recuento diferencial de los leucocitos #
Además de las alteraciones cuantitativas relacionadas con el recuento total de leucocitos, previamente analizadas, en la práctica clínica diaria también se encuentran alteraciones por disminución o aumento de cada uno de los cinco tipos específicos de leucocitos presentes en la sangre: neutrófilos, eosinófilos, basófilos, linfocitos y monocitos. Estas variaciones (neutropenia o neutrofilia, eosinopenia o eosinofilia, basopenia o basofilia, linfopenia o linfocitosis, y monocitopenia o monocitosis) tienen implicaciones diagnósticas y pronósticas relevantes, como se analizará a continuación.
Neutrofilia #
La neutrofilia corresponde a un aumento en el número absoluto de neutrófilos por encima del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera superior a 7.000 neutrófilos por µL. Las causas más frecuentes son las infecciones bacterianas agudas y, en menor proporción, las enfermedades inflamatorias crónicas (como artritis reumatoide y enfermedad inflamatoria intestinal), así como el estrés físico o emocional (cirugía, trauma o quemadura importante). También puede presentarse neutrofilia asociada a algunos medicamentos (corticoesteroides, litio, factores estimulantes de colonias y betabloqueadores), en pacientes con tabaquismo, en neoplasias (especialmente las hematológicas como leucemias y linfomas) y en trastornos metabólicos como diabetes mellitus y cetoacidosis diabética. La neutrofilia es una respuesta fisiológica o patológica que requiere correlación clínica para establecer su etiología precisa.
Neutropenia #
La neutropenia corresponde a una disminución en el número absoluto de neutrófilos por debajo del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera inferior a 1.500 neutrófilos por µL. Las causas más frecuentes son las infecciones virales (incluidas la gripe y el VIH), las enfermedades autoinmunes (como lupus eritematoso sistémico y artritis reumatoide) y algunos medicamentos (quimioterapia, antibióticos, antipsicóticos y antiinflamatorios), así como la radioterapia. Las enfermedades con compromiso de la médula ósea (leucemias, síndromes mielodisplásicos y anemia aplásica) también pueden cursar con neutropenia. La agranulocitosis se define como una neutropenia extrema, con recuento inferior a 500 neutrófilos por µL, lo que constituye una urgencia médica. Por último, las personas con ancestros africanos presentan neutropenia benigna por distribución de neutrófilos en el pool marginal, sin manifestaciones clínicas.
Eosinofilia #
La eosinofilia corresponde a un aumento en el número absoluto de eosinófilos por encima del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera superior a 500 eosinófilos por µL. Las causas más frecuentes son las enfermedades parasitarias (especialmente las producidas por helmintos) y las enfermedades alérgicas (como rinitis alérgica, asma y dermatitis atópica). También puede observarse eosinofilia en enfermedades autoinmunes (granulomatosis eosinofílica o enfermedad de Churg-Strauss), reacciones a medicamentos (antibióticos, antiinflamatorios no esteroideos), enfermedades hematológicas (eosinofilia tropical y leucemia eosinofílica), enfermedades endocrinológicas (enfermedad de Addison) y enfermedades inflamatorias (sarcoidosis y algunas enfermedades gastrointestinales). La eosinofilia requiere correlación clínica para determinar su etiología y evitar complicaciones como daño tisular por infiltración eosinofílica.
Eosinopenia #
La eosinopenia corresponde a una disminución en el número absoluto de eosinófilos por debajo del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera inferior a 100 eosinófilos por µL. Se presenta en infecciones bacterianas agudas, situaciones de estrés fisiológico (traumatismos, cirugía y enfermedades graves) y en estados críticos. El tratamiento con esteroides y con algunos medicamentos (como ciertos antibióticos o inmunosupresores) puede acompañarse de eosinopenia. Los pacientes con síndrome mielodisplásico también pueden cursar con eosinopenia, al igual que aquellos con síndrome de Cushing (secundario al aumento de los niveles de cortisol) y con hipotiroidismo. La eosinopenia suele ser transitoria y rara vez tiene implicaciones clínicas por sí misma, aunque puede reflejar la presencia de una enfermedad subyacente que requiere diagnóstico y manejo específicos.
Basofilia #
La basofilia corresponde a un aumento en el número absoluto de basófilos por encima del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera superior a 100 basófilos por µL. Las causas más frecuentes son las enfermedades mieloproliferativas, en particular la leucemia mieloide crónica y la policitemia rubra vera. También puede presentarse basofilia, aunque de menor intensidad, asociada con reacciones alérgicas (como rinitis crónica, asma y dermatitis), infecciones parasitarias (especialmente por helmintos), trastornos endocrinos (incluido el hipertiroidismo) y enfermedades autoinmunes (como lupus eritematoso sistémico y artritis reumatoide). La basofilia persistente, especialmente cuando es marcada, debe orientar el estudio hacia neoplasias mieloproliferativas, mientras que las elevaciones leves suelen ser secundarias a procesos alérgicos o inflamatorios.
Basopenia #
La basopenia corresponde a una disminución en el número absoluto de basófilos por debajo del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera inferior a 10 basófilos por µL. Puede observarse en reacciones alérgicas severas (como la anafilaxia), así como en estados de estrés intenso por liberación de cortisol, que suprime la producción de basófilos. También se presenta en trastornos hematológicos (síndrome mielodisplásico), endocrinológicos (insuficiencia suprarrenal aguda o "crisis adrenal", como en la enfermedad de Addison) e inmunológicos (lupus eritematoso sistémico y artritis reumatoide). Asimismo, infecciones virales (virus de Epstein-Barr y citomegalovirus) pueden asociarse con basopenia. La basopenia suele ser un hallazgo inespecífico y rara vez tiene relevancia clínica por sí misma, aunque puede indicar una enfermedad subyacente que requiere diagnóstico y tratamiento específicos.
Linfocitosis #
La linfocitosis corresponde a un aumento en el número absoluto de linfocitos por encima del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera superior a 4.000 linfocitos por µL. Las causas más frecuentes son las infecciones virales (mononucleosis infecciosa, rubéola y hepatitis viral). Algunas infecciones bacterianas crónicas (tos ferina, brucelosis, tuberculosis y lepra) también pueden cursar con linfocitosis. Asimismo, se observa en enfermedades autoinmunes (lupus eritematoso sistémico y artritis reumatoide) y en neoplasias hematológicas (leucemia linfocítica crónica y algunos linfomas). Finalmente, puede presentarse linfocitosis transitoria después de la administración de ciertas vacunas, como la de tos ferina, la del sarampión-rubéola-parotiditis (SRP) y la de la influenza. La linfocitosis persistente o de más de 5.000 linfocitos por µL debe estudios complementarios para descartar trastornos linfoproliferativos.
Linfopenia #
La linfopenia corresponde a una disminución en el número absoluto de linfocitos por debajo del valor esperado que, para efectos prácticos en el adulto, se considera inferior a 1.000 linfocitos por µL. Las causas más frecuentes son las infecciones virales (como VIH/SIDA y hepatitis viral). También se observa en enfermedades inmunológicas (lupus eritematoso sistémico y artritis reumatoide), en neoplasias hematológicas (leucemias y linfomas), y en pacientes que reciben quimioterapia, radioterapia o ciertos medicamentos inmunosupresores. Entre estos fármacos se incluyen antimetabolitos (como metotrexato) y antivirales (como zidovudina, utilizada en el tratamiento del VIH). La linfopenia prolongada o severa (inferior a 500 linfocitos por µL) aumenta el riesgo de infecciones oportunistas y requiere seguimiento clínico.
Monocitosis #
La monocitosis corresponde a un aumento en el número absoluto de monocitos por encima del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera superior a 800 monocitos por µL. Se observa asociada a infecciones virales (en particular mononucleosis infecciosa), infecciones bacterianas crónicas (como tuberculosis) e infecciones por hongos (como histoplasmosis). También puede encontrarse monocitosis en enfermedades autoinmunes (lupus eritematoso sistémico y artritis reumatoide), así como en trastornos hematológicos (leucemia monocítica y síndrome mielodisplásico). Durante los procesos de recuperación del sistema inmune, por ejemplo, después de una infección aguda, puede observarse monocitosis transitoria. La monocitosis persistente o de más de 1.000 monocitos por µL debe motivar estudios complementarios para descartar neoplasias hematológicas.
Monocitopenia #
La monocitopenia corresponde a una disminución en el número absoluto de monocitos por debajo del valor esperado, que, para efectos prácticos en el adulto, se considera inferior a 200 monocitos por µL. Puede observarse en infecciones virales, posiblemente por migración de monocitos (como macrófagos) hacia los órganos afectados. También se presenta en enfermedades hematológicas, especialmente en leucemia mieloide aguda y en el síndrome de "distracción monocitaria", donde los monocitos son secuestrados en los tejidos o su producción es inadecuada. Asimismo, puede encontrarse monocitopenia en enfermedades autoinmunes (lupus eritematoso sistémico y síndrome de Sjögren), en enfermedad renal crónica y en cirrosis hepática. La monocitopenia aislada es poco frecuente y generalmente se acompaña de otras citopenias, por lo que su hallazgo debe orientar el estudio hacia enfermedades sistémicas o hematológicas subyacentes.
En la tabla x se resumen los términos y los criterios derivados del recuento diferencia de leucocitos.
Tabla x. Definiciones hematológicas derivadas del recuento total y diferencial de leucocitos*
Término
Parámetro
Criterio
Leucocitosis
Recuento total de leucocitos
> 11.000 por µL
Leucopenia
Recuento total de leucocitos
< 4.000 por µL
Neutrofilia
Recuento diferencia de leucocitos
> 7.000 neutrófilos por µL
Neutropenia
Recuento diferencia de leucocitos
< 1.500 neutrófilos por µL
Agranulocitosis
Recuento diferencia de leucocitos
< 500 neutrófilos por µL
Desviación izquierda
Recuento diferencia de leucocitos
Presencia de metamielocitos y mielocitos en el recuento diferencial de leucocitos
Eosinofilia
Recuento diferencia de leucocitos
> 500 eosinófilos por µL
Eosinopenia
Recuento diferencia de leucocitos
< 100 eosinófilos por µL
Basofilia
Recuento diferencia de leucocitos
> 100 basófilos por µL
Basopenia
Recuento diferencia de leucocitos
< 10 basófilos por µL
Linfocitosis
Recuento diferencia de leucocitos
> 4.000 linfocitos por µL
Linfopenia
Recuento diferencia de leucocitos
< 1.000 linfocitos por µL
Monocitosis
Recuento diferencia de leucocitos
> 800 monocitos por µL
Monocitopenia
Recuento diferencia de leucocitos
< 200 monocitos por µL
* Valores promedios para adultos de ambos géneros
Alteraciones funcionales de los leucocitos #
Las alteraciones funcionales de los leucocitos son defectos en la capacidad de estas células para fagocitar, migrar, adherirse o destruir microorganismos, sin que necesariamente exista disminución en su número. Se clasifican en hereditarias y adquiridas como se analizará a continuación.
Alteraciones hereditarias #
Las alteraciones funcionales hereditarias de los leucocitos son trastornos genéticos que afectan la capacidad de estas células para defender al organismo contra infecciones, sin que necesariamente exista una disminución en su número. Los defectos pueden afectar la adhesión, la quimiotaxis, la fagocitosis o la actividad microbicida. Entre las más importantes se encuentra la enfermedad granulomatosa crónica (CGD, del inglés Chronic Granulomatous Disease), causada por mutaciones en los genes que codifican las subunidades del complejo NADPH oxidasa, impidiendo la generación de radicales libres de oxígeno necesarios para destruir bacterias y hongos catalasa positivos. El síndrome de Chediak-Higashi (CHS, del inglés Chediak-Higashi Syndrome) se debe a mutaciones en el gen LYST, que altera la formación de gránulos y la degranulación, afectando la quimiotaxis y la función lisosomal. Los defectos de adhesión leucocitaria (LAD, del inglés Leukocyte Adhesion Deficiency) son causados por deficiencia de integrinas (LAD tipo I) o de selectinas (LAD tipo II), lo que impide que los leucocitos salgan de los vasos sanguíneos hacia los tejidos infectados, produciendo infecciones graves sin formación de pus. También existen deficiencias hereditarias de mieloperoxidasa, generalmente asintomáticas. Estas alteraciones se manifiestan típicamente en la infancia con infecciones recurrentes, retraso en la caída del cordón umbilical (en LAD) y fenómenos autoinflamatorios.
Alteraciones adquiridas #
Las alteraciones funcionales adquiridas de los leucocitos son defectos en la capacidad de estas células para combatir infecciones, que aparecen durante la vida del individuo sin estar presentes desde el nacimiento. A diferencia de los trastornos hereditarios, estas alteraciones suelen ser reversibles al eliminar la causa subyacente. Las principales causas adquiridas incluyen enfermedades sistémicas, fármacos, deficiencias nutricionales e infecciones. La diabetes mellitus mal controlada produce defectos en la quimiotaxis, fagocitosis y actividad bactericida de los neutrófilos, aumentando el riesgo de infecciones cutáneas y urinarias. La insuficiencia renal crónica y la uremia generan alteraciones en la adhesión y degranulación leucocitaria. El alcoholismo crónico afecta la movilidad de los neutrófilos y su capacidad para destruir microorganismos. Diversos fármacos como los glucocorticoides a dosis altas inhiben la migración leucocitaria y la fagocitosis, mientras que la quimioterapia antineoplásica no solo disminuye el número de leucocitos sino que también afecta su función. Las deficiencias nutricionales de zinc, cobre o folatos alteran la inmunidad celular. En pacientes críticos, quemaduras extensas o traumatismos graves se observa disfunción leucocitaria transitoria. El diagnóstico se basa en pruebas funcionales específicas, y el tratamiento consiste en corregir la causa de base, mejorar el estado nutricional y, en algunos casos, administrar factores estimulantes de colonias.
Ver más Campuzano-Maya G. Utilidad clínica del extendido de sangre periférica: los leucocitos. Medicina & Laboratorio. 2008; 14(19-10):411-55. https://www.medigraphic.com/pdfs/medlab/myl-2008/myl089-10b.pdf [111]
Plaquetas #

Imágenes sugeridas figura 9
Como en el caso de los eritrocitos y de los leucocitos, las enfermedades de las plaquetas están relacionadas con su disminución, con su aumento, con cambios morfológicos o con alteraciones en su función.
Trombocitopenia #
La trombocitopenia se define clásicamente como un recuento de plaquetas inferior a 150.000 por µL. En los últimos años, las sociedades científicas de hematología han recomendado reducir el punto de corte diagnóstico a un recuento por debajo de 100.000 plaquetas por µL, considerando este valor como más significativo desde el punto de vista clínico. Las entidades más representativas de las trombocitopenias son la púrpura trombocitopénica autoinmune y las trombocitopenias no autoinmunes, como se analizará a continuación.
Púrpura trombocitopénica autoinmune #
La púrpura trombocitopénica autoinmune (PTI), también conocida como púrpura trombocitopénica idiopática, es una enfermedad autoinmune caracterizada por disminución de plaquetas circulantes, lo que puede provocar sangrado, equimosis y petequias. Es una de las causas más comunes de trombocitopenia en adultos y niños, aunque su causa exacta no siempre es clara. En los últimos años se ha encontrado que la infección por Helicobacter pylori puede estar asociada a la PTI mediante un mecanismo de “mimetismo molecular”. La erradicación de la bacteria puede recuperar el recuento plaquetario y lograr la curación en un porcentaje importante de pacientes. Por esta razón, se recomienda descartar la presencia de H. pylori en todos los pacientes con este diagnóstico y erradicarla cuando resulte positiva, como se muestra en la figura X.
Figura x. Algoritmo de estudio y manejo de la púrpura trombocitopénica autoinmune en la era poshelicobacter.
Más información Campuzano-Maya G. Proof of an association between Helicobacter pylori and idiopathic thrombocytopenic purpura in Latin America. Helicobacter. 2007; 12(3):265-73. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/17493008 [175]
Ver más Campuzano-Maya G. Trombocitopenia: más importante que encontrarla es saber porqué se presenta. Medicina & Laboratorio 2007;13:111-125 [98]
Trombocitopenia no inmunológica #
La trombocitopenia no inmunológica es más frecuente que la trombocitopenia inmunológica y la etiología es multifactorial, siendo las más importantes las siguientes.
Trombocitopenia por fallo de la medula ósea. La trombocitopenia por fallo de la médula ósea es una condición en la cual la producción de plaquetas está comprometida debido a un deterioro en la capacidad de la médula ósea para generar células sanguíneas. Puede deberse a una amplia variedad de causas, incluidas enfermedades hematológicas, factores ambientales y tratamientos que afectan la médula ósea. Entre las causas más comunes se encuentran: (1) la aplasia medular, condición en la que la médula ósea reduce o cesa la producción de todas las células sanguíneas (incluidas las plaquetas), pudiendo ser idiopática o inducida por medicamentos (cloranfenicol), radiación, toxinas o infecciones virales (como virus de Epstein-Barr, virus de la hepatitis, parvovirus B19 y citomegalovirus); (2) los síndromes mielodisplásicos, trastornos que afectan la maduración de las células sanguíneas, provocando producción ineficaz y disminución de plaquetas, eritrocitos y leucocitos; (3) las leucemias, cuya invasión por células malignas en la médula ósea (mieloptisis) impide la producción normal de células sanguíneas, causando trombocitopenia severa; y (4) los tratamientos oncológicos, ya que la quimioterapia y la radioterapia dañan las células de la médula ósea, disminuyendo la producción de plaquetas.
Trombocitopenia por distribución y secuestro de plaquetas. La trombocitopenia por distribución y secuestro de plaquetas, denominada médicamente hiperesplenismo, ocurre cuando una cantidad significativa de plaquetas es retenida en órganos como el bazo, reduciendo su presencia en el torrente sanguíneo y aumentando el riesgo de sangrado. Este fenómeno es común en situaciones con esplenomegalia, ya que el bazo agrandado almacena un mayor porcentaje de plaquetas. Normalmente retiene alrededor del 30 % de las plaquetas, pero en casos de esplenomegalia puede superar el 80 %. Las causas frecuentes incluyen cirrosis hepática con hipertensión portal, enfermedades hematológicas (mielofibrosis, esplenomegalia tropical), infecciones crónicas (malaria, tuberculosis) y trastornos inflamatorios crónicos. El secuestro no implica destrucción directa de las plaquetas, sino una redistribución que provoca trombocitopenia periférica.
Trombocitopenia por aumento de la destrucción de plaquetas no inmunológico. A diferencia de la trombocitopenia por hiperesplenismo, la trombocitopenia por aumento de la destrucción de plaquetas no mediada inmunológicamente se presenta cuando las plaquetas se destruyen o consumen excesivamente debido a procesos físicos o mecánicos, sin participación de anticuerpos. Las principales causas incluyen la coagulación intravascular diseminada, la púrpura trombótica trombocitopénica y el síndrome hemolítico-urémico. En la coagulación intravascular diseminada, las plaquetas se consumen por la formación de trombos difusos en los vasos sanguíneos, activando una cascada que genera microtrombos en todo el organismo. En la púrpura trombótica trombocitopénica y en el síndrome hemolítico-urémico se producen microangiopatías que dañan el endotelio de vasos pequeños y crean trombos de fibrina y plaquetas, aumentando su consumo. Otros factores mecánicos, como válvulas cardíacas artificiales o dispositivos de asistencia ventricular, pueden dañar físicamente las plaquetas y reducir su cantidad. Además, algunas infecciones virales pueden incrementar la destrucción plaquetaria por efectos tóxicos directos sobre la médula ósea o sobre las plaquetas circulantes. Esta forma de trombocitopenia requiere identificar y tratar la causa subyacente, ya que el manejo difiere sustancialmente del de las trombocitopenias inmunes.
Trombocitopenia iatrogénica. Los medicamentos representan una de las causas más frecuentes y a menudo inadvertidas de trombocitopenia no inmunológica. Diversos fármacos afectan el recuento de plaquetas mediante distintos mecanismos, incluyendo toxicidad directa, inhibición de la producción en la médula ósea o reacciones adversas que no implican una respuesta inmune específica. Entre los más comunes se encuentran los anticoagulantes, especialmente la heparina (tanto la no fraccionada como la de bajo peso molecular) y la warfarina. Los anticonvulsivantes como la fenitoína y la carbamazepina, y algunos antibióticos (trimetoprima-sulfametoxazol y linezolid) afectan la producción de plaquetas por mielosupresión o reacciones tóxicas sobre la médula ósea. Los antipsicóticos (como la clozapina) y algunos antiinflamatorios no esteroideos (como la indometacina) también pueden inducir trombocitopenia, aunque es menos frecuente. Los pacientes sometidos a quimioterapia con fármacos como cisplatino, doxorrubicina y etopósido suelen experimentar trombocitopenia secundaria a mielosupresión. Los diuréticos (acetazolamida y furosemida) y los inmunosupresores (azatioprina y metotrexato) también pueden reducir los niveles de plaquetas, especialmente con tratamientos prolongados. Además, algunos anticuerpos monoclonales como rituximab y nintedanid se han asociado con trombocitopenia, sobre todo en el contexto de terapias dirigidas.
Trombocitosis #
La trombocitosis se define como un recuento de plaquetas por encina de 450.000 por µL. La trombocitosis puede ser primaria o secundaria.
Trombocitosis primaria #
La trombocitosis primaria es un trastorno mieloproliferativo caracterizado por la producción excesiva de plaquetas en la médula ósea sin una causa subyacente reactiva. A diferencia de la trombocitosis secundaria (que será analizada más adelante), esta condición surge por mutaciones genéticas en células madre hematopoyéticas, como las mutaciones en los genes JAK2, CALR o MPL, que alteran los mecanismos de regulación de la producción de plaquetas. La trombocitosis primaria está representada por la trombocitosis esencial y por los síndromes mieloproliferativos.
Trombocitosis esencial #
La trombocitosis esencial, también conocida como trombocitemia esencial, es una neoplasia mieloproliferativa crónica caracterizada por producción autónoma de plaquetas, impulsada por mutaciones driver (alteraciones genéticas adquiridas que confieren ventaja de proliferación clonal) en los genes JAK2, CALR o MPL. Su diagnóstico requiere cumplir criterios de la OMS: recuento plaquetario ≥450.000 por µL, biopsia de médula ósea con megacariocitos hiperlobulados y en agregados, y presencia de mutaciones driver. El diagnóstico diferencial debe excluir trombocitosis secundaria (ferropenia, infección, inflamación, hemólisis, asplenia, ejercicio intenso, fármacos) y otras neoplasias mieloproliferativas (policitemia vera, mielofibrosis, leucemia mieloide crónica). Clínicamente puede ser asintomática o manifestarse con eventos trombóticos (arteriales o venosos), eritromelalgia (dolor y eritema en extremidades), cefalea, mareos, prurito y, paradójicamente, sangrados leves por disfunción plaquetaria. La exclusión de causas reactivas es fundamental antes de establecer el diagnóstico.
Trombocitosis en síndromes mieloproliferativos #
Los síndromes mieloproliferativos son un grupo de enfermedades hematológicas clonales que incluyen tres entidades principales: la trombocitosis esencial (analizada previamente), la policitemia rubra vera y la mielofibrosis primaria. En la policitemia rubra vera, la característica distintiva es el aumento de la masa eritrocitaria. Sin embargo, debido a que la mutación afecta a una célula madre hematopoyética pluripotente, se produce una expansión clonal de todas las líneas celulares. En consecuencia, muchos pacientes también desarrollan trombocitosis (aumento de plaquetas) y leucocitosis. Las complicaciones trombóticas son frecuentes y representan un riesgo elevado de eventos cardiovasculares graves (accidente cerebrovascular, infarto agudo de miocardio, trombosis venosa profunda). En cuanto a la mielofibrosis primaria, en sus fases iniciales puede haber trombocitosis reactiva a la inflamación medular. No obstante, a medida que la enfermedad progresa y la médula ósea se fibrosa, la microarquitectura hematopoyética se destruye, lo que lleva a una producción ineficaz de plaquetas. Así, los pacientes pasan de una fase proliferativa con plaquetas elevadas a una fase de fallo medular con trombocitopenia severa, sangrados y mayor riesgo de transformación leucémica.
Falta revisión
Trombocitosis secundaría #
La trombocitosis secundaria o reactiva se define como un aumento del recuento de plaquetas que aparece en respuesta a condiciones subyacentes no relacionadas con una enfermedad primaria de la médula ósea. A diferencia de la trombocitosis primaria (de origen mieloproliferativo y clonal), la trombocitosis secundaria constituye una reacción fisiológica a otra patología, y su pronóstico depende directamente de la causa desencadenante. Existen numerosas situaciones médicas asociadas con esta entidad. La trombocitosis reactiva suele ser asintomática y se descubre de manera incidental en hemogramas de rutina. Sin embargo, en algunos casos pueden presentarse síntomas propios de la enfermedad subyacente, como fiebre, dolor articular o signos inflamatorios. En raras ocasiones, especialmente cuando el recuento de plaquetas supera 1 000 000/μL, pueden producirse complicaciones trombóticas, que se manifiestan por dolor, edema y rubor en las extremidades (trombosis venosa) o síntomas isquémicos agudos.
Trombocitosis por inflamación crónica #
Una primera causa es la trombocitosis por inflamación crónica. Se trata de una respuesta reactiva del organismo ante la persistencia de un proceso inflamatorio. La inflamación mantenida provoca una activación constante del sistema inmunitario y la producción de citocinas (como la interleucina6 y el factor de necrosis tumoral), que estimulan la proliferación de megacariocitos en la médula ósea y generan un exceso de plaquetas. Esta forma se presenta en enfermedades como la artritis reumatoide, el lupus eritematoso sistémico, la enfermedad inflamatoria intestinal y las hepatopatías crónicas.
Trombocitosis por cáncer #
Otra causa importante es la trombocitosis paraneoplásica o por cáncer. Es un fenómeno reactivo desencadenado por la liberación de citocinas y factores de crecimiento por parte de las células tumorales o del microambiente que las rodea. Los tumores sólidos más frecuentemente asociados son el cáncer de pulmón, ovario, mama, estómago y colon. En estos casos, el cáncer estimula la producción de trombopoyetina, hormona clave en la trombopoyesis, lo que provoca proliferación de megacariocitos en la médula ósea y aumenta la producción de plaquetas. Además, la inflamación crónica generada por el tumor y la secreción de citocinas como la interleucina6 también desempeñan un papel fundamental. La trombocitosis paraneoplásica no suele dar síntomas directos, pero se asocia a un mayor riesgo de complicaciones trombóticas (trombosis venosa profunda, tromboembolismo pulmonar, accidentes cerebrovasculares), lo que empeora el pronóstico del paciente
Trombocitosis por deficiencia de hierro Paradójicamente, la deficiencia de hierro también puede aumentar la producción de plaquetas, aunque suele pasar desapercibida. Si no se toman medidas oportunas, esta situación puede favorecer la aparición de trombosis en miembros inferiores y tromboembolismo pulmonar, especialmente en pacientes inmovilizados. Asimismo, el trauma significativo (cirugía mayor, fractura ósea, accidentes graves) desencadena una respuesta inflamatoria que incluye un aumento de la producción plaquetaria, denominada trombocitosis postraumática, que también puede manifestarse con fenómenos trombóticos. #
Trombocitosis postrauma #
Ocurre cuando el cuerpo experimenta un trauma significativo, como una cirugía mayor, una fractura ósea o lesiones por accidentes graves, lo que desencadena una respuesta inflamatoria que incluye la producción aumentada de plaquetas. Puede presentar manifestaciones trombóticas.
Trombocitosis iatrogénica . Finalmente, la trombocitosis iatrogénica corresponde al aumento del número de plaquetas como resultado directo de intervenciones médicas o tratamientos farmacológicos. Las circunstancias más relevantes son: la trombocitosis postesplenectomía (al eliminar el bazo se reduce la destrucción de plaquetas, lo que puede producir una trombocitosis marcada); los corticoides como la prednisona, que estimulan la médula ósea; la recuperación tras quimioterapia mielosupresora, que eleva reactivamente las plaquetas; el tratamiento con hierro, que induce un aumento transitorio como parte de la recuperación medular; y la administración de eritropoyetina en pacientes con insuficiencia renal crónica o en oncología, que puede elevar significativamente el recuento plaquetario. #
La trombocitosis secundaria o reactiva se define como un aumento del recuento de plaquetas que aparece en respuesta a condiciones subyacentes no relacionadas con una enfermedad primaria de la médula ósea. A diferencia de la trombocitosis primaria (de origen mieloproliferativo y clonal), la trombocitosis secundaria constituye una reacción fisiológica a otra patología, y su pronóstico depende directamente de la causa desencadenante. Existen numerosas situaciones médicas asociadas con esta entidad. La trombocitosis reactiva suele ser asintomática y se descubre de manera incidental en hemogramas de rutina. Sin embargo, en algunos casos pueden presentarse síntomas propios de la enfermedad subyacente, como fiebre, dolor articular o signos inflamatorios. En raras ocasiones, especialmente cuando el recuento de plaquetas supera 1 000 000/μL, pueden producirse complicaciones trombóticas, que se manifiestan por dolor, edema y rubor en las extremidades (trombosis venosa) o síntomas isquémicos agudos.
Ver más Campuzano-Maya G. Trombocitosis. Medicina & Laboratorio 1997;7:367-375. [45]
Trastornos funcionales de las plaquetas #
Además de las variaciones cuantitativas del recuento plaquetario, las plaquetas pueden estar funcionalmente alteradas incluso con recuentos normales o subnormales, lo que conduce a hiperfunción o hipofunción, con manifestaciones trombóticas en el primer caso y hemorrágicas en el segundo. Entre los trastornos más representativos se encuentran, dentro de las hiperfunciones, el síndrome de plaqueta pegajosa y la hiperagregación plaquetaria secundaria; y entre las hipofunciones, la enfermedad de von Willebrand, la enfermedad de Glanzmann, el síndrome de Wiskott-Aldrich y el síndrome de May-Hegglin, como se analizará a continuación.
Síndrome de plaqueta pegajosa #
El síndrome de plaqueta pegajosa se define como una trombofilia hereditaria de carácter autosómico dominante, caracterizada por un aumento in vitro de la agregación plaquetaria en respuesta a bajas concentraciones de epinefrina y/o adenosín difosfato (ADP), que se manifiesta como un estado protrombótico tanto arterial como venoso. Es importante aclarar que no es una enfermedad, sino una condición que predispone a desarrollar trombosis. Estas pueden ser arteriales (en el 80 % de los casos) o venosas (en el 20 % restante). Las manifestaciones arteriales incluyen isquemia coronaria o cerebral, isquemia de vasos retinianos o mesentéricos. Las venosas afectan principalmente los miembros inferiores, con o sin tromboembolismo pulmonar. A nivel obstétrico, puede causar trombosis placentaria, abortos en el primer trimestre, preeclampsia, eclampsia y restricción del crecimiento intrauterino. El diagnóstico, manejo y seguimiento deben ser realizados por un profesional de la salud debidamente capacitado y con experiencia en este síndrome.
Ver más Campuzano-Maya G, Escobar-Gallo GE. Síndrome de plaqueta pegajosa. Medicina & Laboratorio. 2014; 20(11-12):513-28. https://www.medigraphic.com/pdfs/medlab/myl-2014/myl1411-12b.pdf [156]
Síndrome de plaqueta pegajosa #
Imagen sugerida figura 14
El síndrome de plaqueta pegajosa se define como una trombofilia, con ocurrencia familiar autosómica dominante, que afecta a ambos géneros, caracterizada por un aumento in vitro de la agregación plaquetaria a bajas concentraciones de epinefrina y de adenosindifosfato (ADP), que predispone al desarrollo de eventos tromboembólicos.
Manifestaciones clínicas y diagnóstico #
Es importante aclarar que el síndrome de plaqueta pegajosa no es una enfermedad: es una condición que predispone a desarrollar trombosis. Las trombosis pueden ser arteriales, en un 80% de los casos, y venosas , el otro 20% restante, que pueden expresar como isquemia coronaria o cerebral, isquemia de vasos retinianos o mesentéricos y trombosis a nivel de la placenta que explica los abortos en el primer trimestre del embarazo y trastornos de la microcirculación placentaria que puede expresarse como preeclampsia o eclampsia en tercer trimestre del embarazo con restricción del crecimiento intrauterino del feto, entre otras manifestaciones. Además, las trombosis venosas asociadas con el síndrome de plaqueta pegajosa más frecuentes se presentan en los miembros inferiores con o sin tromboembolismo pulmonar.
Diagnóstico #
El diagnóstico del síndrome de plaqueta pegajosa se sospecha por la historia familiar y personal positiva para antecedentes cardiovasculares y en las mujeres antecedentes de pérdidas fetales a repetición, preeclampsia, eclampsia y niños recién nacidos de bajo peso, pero el diagnóstico solo se establece mediante la agregación plaquetaria al demostrar la hiperagregación de las plaquetas inducida por pequeñas dosis de epinefrina y/o adenosindifosfato (ADP).
Figura x. Agregación plaquetaria con diferentes dosis de epinefrina y ADP. Respuesta normal, negativa para el síndrome de plaqueta pegajosa. A. Epinefrina 11,0 µM: 23,4% (valor de referencia: 39% a 80%), 1,1 µM: 15,1% (valor de referencia: 15% a 27%), 0,55 µM: 11,5,% (valor de referencia: 9% a 20%); B. ADP 2,34 µM: 13,1% (valor de referencia: 7,5% a 57%), 1,17 µM: 4,3% (valor de referencia: 2% a 36%), 0,58 µM: 2,3% (valor de referencia: 0% a 12%).
Figura x. Síndrome de plaqueta pegajosa tipo 1. Agregación plaquetaria a diferentes dosis de epinefrina y ADP. Síndrome de plaqueta pegajosa tipo I, en donde se evidencia hiperagregabilidad plaquetaria a la epinefrina y al ADP. A. Epinefrina 11,0 µM: 91,9% (valor de referencia: 39% a 80%), 1,1 µM: 92,1% (valor de referencia: 15% a 27%), 0,55 µM: 92,6,% (valor de referencia: 9% a 20%); B. ADP 2,34 µM: 91,2% (valor de referencia: 7,5% a 57%), 1,17 µM: 93,3% (valor de referencia: 2% a 36%), 0,58 µM: 95,7% (valor de referencia: 0% a 12%).
Figura x. Síndrome de plaqueta pegajosa tipo 2. Agregación plaquetaria a diferentes dosis de epinefrina y ADP. Síndrome de plaqueta pegajosa tipo II, en donde se evidencia hiperagregabilidad plaquetaria a la epinefrina y normalidad al ADP. A. Epinefrina 11,0 µM: 100,4% (valor de referencia: 39% a 80%), 1,1 µM: 100,1% (valor de referencia: 15% a 27%), 0,55 µM: 81,0% (valor de referencia: 9% a 20%); B. ADP 2,34 µM: 7,4% (valor de referencia: 7,5% a 57%), 1,17 µM: 8,9% (valor de referencia: 2% a 36%), 0,58 µM: 4,2% (valor de referencia: 0% a 12%).
Figura x. Síndrome de plaqueta pegajosa tipo 3. Agregación plaquetaria a diferentes dosis de epinefrina y ADP. Síndrome de plaqueta pegajosa tipo III, en donde se evidencia respuesta normal a la epinefrina e hiperagregabilidad plaquetaria al ADP. A. Epinefrina 11,0 µM: 28,6% (valor de referencia: 39% a 80%), 1,1 µM: 15,2% (valor de referencia: 15% a 27%), 0,55 µM: 15,4% (valor de referencia: 9% a 20%); B. ADP 2,34 µM: 87,5% (valor de referencia: 7,5% a 57%), 1,17 µM: 91,6% (valor de referencia: 2% a 36%), 0,58 µM: 60,4% (valor de referencia: 0% a 12%).
Desde el punto de vista de los patrones de agregación plaquetaria, como se muestra en las siguientes imágenes es posible tener tres variedades del síndrome de plaqueta pegajosa: De acuerdo con el patrón de la agregometría plaquetaria con diferentes concentraciones de epinefrina y ADP, se presentan tres formas: síndrome de plaqueta pegajosa tipo 1, hiperagregación plaquetaria con epinefrina y ADP; síndrome de plaqueta pegajosa tipo 2, hiperagregación plaquetaria con epinefrina sola; y, síndrome de plaqueta pegajosa tipo 3, hiperagregación plaquetaria con ADP solo. Hasta el momento las probabilidades de estar asociado a una trombosis no se diferencian con relación a las tres variedades, pero si son más difíciles de revertir unas que otras.
Tratamiento #
El tratamiento del síndrome de plaqueta pegajosa, tanto en los pacientes con antecedentes como sin antecedentes de trombosis, se basa en la administración de antiagregantes plaquetarios, siendo la aspirina a baja dosis la droga ideal y los inhibidores del ADP dependiendo de las condiciones clínicas de cada paciente. El control del tratamiento se puede hacer repitiendo la prueba original o en el caso de la aspirina con agregación plaquetaria con ácido araquidónico y en el caso de los inhibidores de ADP con agregación plaquetaria con inhibidores de P2Y12. El seguimiento de la antiagregación es de vital importancia para lograr la adherencia al tratamiento y para detectar resistencia a los antiagregantes.
Es de vital importancia que el paciente con síndrome de plaqueta pegajosa sea manejado por especialista conocedor a profundidad del síndrome y de la antiagregación plaquetaria. No basta con tomar antiagregantes, de los cuales se dispone en la farmacopea de múltiples opciones, ya que estos medicamentos deben ser monitoreados y ajustados periódicamente.
Mas información Campuzano-Maya G, Escobar-Gallo GE. Síndrome de plaqueta pegajosa. Medicina & Laboratorio 2014;20:513-528. [156]
Más información Campuzano-Maya G. Resistencia a la aspirina: un problema latente de alto riesgo. Medicina & Laboratorio 2016;22:13-54. [161]
Falta reestructurar el subtitulo
Más información Campuzano-Maya G. Inhibidores del receptor plaquetario P2Y12. Parte 1 de 2: escenario de acción, farmacología, aplicación clínica y limitaciones. Medicina & Laboratorio 2017;22:13-44. [166]
Más información Campuzano-Maya G. Inhibidores del receptor plaquetario P2Y12. Parte 2 de 2: etiología, diagnóstico y manejo de la resistencia Medicina & Laboratorio 2017;23:113-148. [167]
Hiperagregación plaquetaria secundaria #
La hiperagregación plaquetaria secundaria es un fenómeno en el cual las plaquetas presentan una tendencia aumentada a agregarse como respuesta a estímulos que usualmente no desencadenan una reacción tan intensa en individuos sanos. Esta condición puede estar influenciada por enfermedades subyacentes o ciertos factores externos que aumentan la reactividad plaquetaria, lo que conlleva un mayor riesgo trombogénico. Son muchas las situaciones médicas asociadas con esta alteración de la función plaquetaria. Las más importantes son la diabetes mellitus, el síndrome metabólico y las enfermedades cardiovasculares crónicas (como la enfermedad coronaria y la aterosclerosis), en las que el daño endotelial aumenta la activación y agregación de las plaquetas. También se asocia a enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico y el síndrome antifosfolípido.
Enfermedad de von Willebrand #
La enfermedad de von Willebrand es el trastorno de coagulación hereditario más común, afecta aproximadamente al 2 % de la población mundial y está causada por una deficiencia o disfunción del factor de von Willebrand, una proteína esencial para la coagulación. Esta proteína ayuda a que las plaquetas se adhieran a los sitios de lesión en los vasos sanguíneos y estabiliza al factor VIII, otro componente clave de la coagulación. Se presentan tres tipos principales. El tipo 1 es el más frecuente (alrededor del 75 % de los casos), con una reducción parcial del factor de von Willebrand, generalmente leve. Su transmisión es autosómica dominante, por lo que basta heredar un gen alterado de uno de los padres. Los síntomas incluyen equimosis, epistaxis frecuente y sangrado menstrual abundante. El tipo 2 se caracteriza por un defecto cualitativo (la proteína es disfuncional), con varias variantes que afectan la coagulación en diferente grado. El tipo 3 es el más grave y poco frecuente, con deficiencia casi total del factor de von Willebrand. Su herencia es autosómica recesiva (se requieren dos genes alterados). Cursa con episodios de sangrado profundo, como hemorragias articulares, nasales (epistaxis) y musculares, muy similar a la hemofilia clásica.
Enfermedad de Glanzmann #
La enfermedad de Glanzmann, también conocida como trombastenia de Glanzmann o plaqueta perezosa, es un trastorno hereditario raro que afecta la función plaquetaria. Su herencia es autosómica recesiva, por lo que se manifiesta principalmente en personas cuyos padres son portadores del gen defectuoso. Es una trombocitopatía caracterizada por una alteración en la capacidad de las plaquetas para agregarse, paso crucial en la formación del coágulo plaquetario. Clínicamente se manifiesta por sangrado anormal o excesivo: epistaxis (sangrado nasal), sangrado de encías, equimosis frecuentes y menorragia (menstruaciones abundantes). En casos graves puede haber sangrado gastrointestinal o hemorragias intracraneales.
Síndrome de Bernard-Soulier #
El síndrome de Bernard Soulier es un trastorno hemorrágico raro y hereditario de carácter autosómico recesivo que se caracteriza por una deficiencia o disfunción de la glicoproteína Ib-IX-V, un complejo receptor importante en la superficie de las plaquetas. Esta glicoproteína es esencial para la adhesión de las plaquetas al sitio de una lesión vascular, un paso crucial en la formación de un coágulo sanguíneo y la detención del sangrado. Además de la alteración descrita, las plaquetas de estos pacientes suelen estar disminuidas y característicamente grandes y de aspecto grisáceo. Se manifiesta por sangrado nasal frecuente, sangrado de encías, menstruaciones abundantes, sangrado prolongado de heridas y moretones (equimosis) fáciles.
Síndrome de Wiskott-Aldrich #
El síndrome de Wiskott-Aldrich es un raro trastorno genético ligado al cromosoma X que afecta el sistema inmunológico y las plaquetas, manifestándose con infecciones recurrentes, sangrados y problemas autoinmunes. Los principales síntomas incluyen trombocitopenia, que provoca hemorragias fáciles y petequias, infecciones recurrentes, debido a la inmunodeficiencia, y enfermedades autoinmunes, que en ocasiones se asocian con manifestaciones alérgicas o incluso mayor riesgo de linfoma.
Síndrome de May-Hegglin #
El síndrome de May-Hegglin es un trastorno hematológico hereditario raro, caracterizado por trombocitopenia, plaquetas de gran tamaño y forma anormal, y la presencia de inclusiones específicas en leucocitos y algunas plaquetas, denominadas cuerpos de Döhle. Clínicamente se manifiesta por equimosis (moretones), sangrado excesivo, así como problemas renales y auditivos.
Mas información Campuzano-Maya G. Utilidad clínica del extendido de sangre periférica: las plaquetas. Medicina & Laboratorio. 2008; 14(11-12):511-31. https://www.medigraphic.com/pdfs/medlab/myl-2008/myl0811-12b.pdf [110]
Estudio del paciente que sangra (falta redactarlo)
Coagulación sanguínea #

Imágenes sugeridas figura 11
La coagulación sanguínea es el proceso por el cual se forma un coágulo para detener el sangrado tras una lesión vascular. Este mecanismo vital es el resultado de una serie de interacciones complejas en donde participan en endotelio (tejido), las plaquetas y las proteínas plasmáticas, denominadas factores de coagulación de una manera de cascada de evento que lleva de la herida del vaso sanguíneo a su completa recuperación, como se esquematiza en la figura x.
Las enfermedades de la coagulación sanguínea se manifiestan por hemorragia o por trombosis, como se analizará a continuación.
Figura x. Esquema completo de la coagulación sanguínea.
Manifestaciones hemorrágicas #
Las enfermedades hemorrágicas corresponden a un grupo de trastornos que afectan la capacidad del sistema de coagulación para formar coágulos de sangre de manera adecuada, lo que puede llevar a hemorragias excesivas o a la formación de coágulos inadecuados en el sistema circulatorio. Estos trastornos pueden ser hereditarios o adquiridos y afectan diferentes componentes del sistema de coagulación, que incluye plaquetas, factores de coagulación y otros elementos. Las enfermedades más representativas de este grupo so las hemofilias y la enfermedad de von Willebrand. [...] hemorragias adquiridas
Hereditarias #
Las más representativas de este grupo son la hemofilia y la enfermedad de von Willebrand.
Hemofilia #
La hemofilia es un trastorno hemorrágico hereditario que se caracteriza por una deficiencia en los factores de coagulación necesarios para detener el sangrado, lo que impide la formación adecuada de coágulos. Se transmite en forma ligada al cromosoma X, lo que hace que afecte principalmente a los hombres, mientras que las mujeres portadoras suelen ser asintomáticas. Desde el punto del factor deficiente, existen dos formas de hemofilia: la hemofilia A, también denominada hemofilia clásica, representa el 80% al 85% de los casos, cuando está deficiente el factor VIII de la coagulación sanguínea y la hemofilia B, también denominada enfermedad de Christmas, cuando está deficiente el factor IX de la coagulación sanguínea. Desde el grado de la deficiencia, las hemofilias pueden clasificarse en tres grupos: leve, cuando el 5% al 40% de la actividad normal del factor, moderada cuando es menos del 1% al 5% de la actividad normal y grave cuando es menos 1% de actividad, con síntomas severos.
Los síntomas incluyen hemorragias espontáneas o prolongadas, especialmente en articulaciones y músculos, conocidas como hemorragias articulares o hematomas. Las hemorragias pueden ser graves, llevando a deformidades articulares crónicas y dolor.
2. Enfermedad de von Willebrand #
La enfermedad de von Willebrand es el trastorno de coagulación hereditario más común, que afecta la función del factor de von Willebrand, crucial para la adhesión de plaquetas al sitio de lesión y la estabilización del factor VIII.
Adquiridas #
Las más representativas de este grupo son la coagulación intravascular diseminada (agregar y describir las otras)
Cccc #
Coagulación Intravascular Diseminada (CID) #
La coagulación intravascular diseminada es una condición grave caracterizada por la activación masiva y descontrolada del sistema de coagulación, lo que lleva a la formación de coágulos en pequeños vasos sanguíneos y a una posterior hemorragia por consumo de factores de coagulación. La coagulación intravascular diseminada puede ser desencadenada por infecciones graves, trauma, sepsis, y algunas enfermedades malignas. La activación de la coagulación en múltiples sitios lleva a la formación de fibrina y plaquetas en los vasos pequeños, lo que resulta en trombosis y hemorragia al agotarse los factores de coagulación. Los síntomas incluyen petequias, equimosis, hemorragias internas y síntomas de trombosis, como dolor en las extremidades o disfunción de órganos. La coagulación intravascular diseminada puede llevar a una falla multiorgánica y es una verdadera emergencia médica .
Manifestaciones trombóticas #
La trombosis es la contraparte de las manifestaciones hemorrágicas. La trombofilia es una condición que predispone a la formación anormal de trombos en venas o arterias que usualmente están relacionados con alteraciones en los mecanismos de la coagulación. Desde el punto de vista clínico las trombofilias tiene manifestaciones comunes, con ligeras variaciones por lo que la clínica no es suficiente para diferenciarlas, como la predisposición a presentar trombosis venosa profunda, tromboembolismo pulmonar, trombosis en arterias como las coronarias y las cerebrales y complicaciones durante el embarazo con mayor riesgo de trombosis venosa profunda y tromboembolismo pulmonar y trombosis a la placenta que se expresa con pérdidas fetales recurrentes, preeclampsia y niños de bajo peso al nacer. Las trombofilias pueden ser hereditarias o adquiridas.
Trombofilias hereditarias #
Las más representativa de este grupo son (enunciarlas en orden final)
[...] las más importantes son la mutación del factor V de Leiden, la mutación del gen de la protrombina, la deficiencia de antitrombina III, la deficiencia de proteína C y S de la coagulación y el síndrome de plaqueta pegajosa.
Mutación del Factor V Leiden #
El factor V es una proteína esencial en la cascada de coagulación, donde actúa como cofactor para la conversión de protrombina en trombina. La proteína C activada normalmente inactiva el factor V para limitar la coagulación. En la mutación del factor V Leiden, la proteína C activada no puede desactivar el factor V de manera efectiva, lo que prolonga la actividad del factor V y aumenta el riesgo de formación de coágulos. Esta disfunción en la regulación de la coagulación lleva a una mayor probabilidad de trombosis, especialmente en las venas.
Mutación del gen de la protrombina (G20210A) #
La protrombina es un precursor de la trombina, una enzima fundamental en la conversión de fibrinógeno en fibrina, el componente principal de los coágulos. La mutación G20210A conduce a niveles elevados de protrombina, lo que resulta en una mayor conversión de protrombina en trombina. Este aumento de trombina acelera la formación de coágulos al mejorar la coagulación y reducir la capacidad del sistema para disolver los coágulos existentes, lo que incrementa el riesgo de trombosis.
Deficiencia de Antitrombina III #
La antitrombina III es esencial para controlar la coagulación sanguínea, ya que se une y neutraliza la trombina y otros factores de coagulación. Sin una cantidad adecuada de ATIII, la capacidad del cuerpo para inhibir la formación de coágulos se ve comprometida, lo que lleva a un estado de hipercoagulabilidad. La deficiencia, que usualmente es hereditaria, también se puede presentar en forma adquirida en condiciones especiales como la insuficiencia renal crónica y las hepatopatías crónicas.
Deficiencia de la proteína C y S de la coagulación #
(papel de Cy S). Las proteínas C y S son anticoagulantes naturales dependientes de la vitamina K, cuya función principal es regular y limitar la formación de trombos mediante la inactivación de los factores de coagulación Va y VIIIa. La deficiencia de las proteínas C y S es un trastorno que afecta el sistema de coagulación, aumentando el riesgo de formación de coágulos sanguíneos. Se puede presentar de manera hereditaria, la más común, transmitida de manera autosómica dominante o adquirida asociada con algunas enfermedades como hepatopatías con deficiencia de vitamina K, síndrome nefrótico y en ciertas enfermedades hematológicas o iatrogénicamente. Desde el punto de vista clínico se manifiestan por trombosis venosa profunda y tromboembolismo, púrpura fulminante en neonatos con deficiencia homocigota de proteína C y necrosis cutánea usualmente asociada con el uso de warfarina.
Síndrome de plaqueta pegajosa #
El síndrome de plaqueta pegajosa se define como una trombofilia hereditaria, de carácter autosómico dominante, caracterizado por aumento in vitro de la agregación plaquetaria en respuesta a bajas concentraciones de epinefrina y/o adenosindifosfato (ADP) que se expresa como un estado protrombótico, tanto arterial como venoso. Es importante aclarar que el síndrome de plaqueta pegajosa no es una enfermedad: es una condición que predispone al desarrollo de trombosis. Las trombosis pueden ser arteriales, en un 80% de los caos, y venosas , el 20% restante, que pueden expresar como isquemia coronaria o cerebral, isquemia de vasos retinianos o mesentéricos y trombosis a nivel de la placenta que explica los abortos en el primer trimestre del embarazo y trastornos de la microcirculación placentaria que puede expresarse como preeclampsia o eclampsia en tercer trimestre del embarazo con restricción del crecimiento intrauterino del feto, entre otras manifestaciones. Además, las trombosis venosas asociadas con el síndrome de plaqueta pegajosa más frecuentes se presentan en los miembros inferiores con o sin tromboembolismo pulmonar. El diagnóstico, manejo y seguimiento debe ser coordinado por profesional de la salud debidamente capacitado y con experiencia en el manejo de este nuevo síndrome.
Más información (artículo del SPP)
Trombofilias adquiridas #
[...] el síndrome antifosfolípido y la hiperhomocisteinemia.
Síndrome antifosfolípido #
El síndrome antifosfolípido se define por la presencia de anticuerpos antifosfolípidos en el suero y la asociación con eventos trombóticos o complicaciones relacionadas. Estos anticuerpos interfieren con el proceso de coagulación, aumentando la predisposición a la trombosis.
Fisiopatología:
Anticuerpos antifosfolípidos: Los anticuerpos antifosfolípidos incluyen el anticuerpo anticardiolipina (aCL), el anticuerpo anti-β2-glicoproteína I y el anticoagulante lúpico. Estos anticuerpos se unen a las proteínas en la superficie de las plaquetas y a las membranas celulares que contienen fosfolípidos, alterando la función de la coagulación.
Interferencia con la coagulación: Los anticuerpos antifosfolípidos pueden activar las plaquetas y las células endoteliales, promoviendo la formación de coágulos. También pueden interferir con los mecanismos normales de la coagulación y la fibrinólisis, aumentando la formación de trombos y reduciendo la capacidad del cuerpo para disolverlos.
Reacción inmune: La presencia de estos anticuerpos puede provocar una respuesta inmune que daña el endotelio vascular, contribuyendo al desarrollo de trombosis.
Hiperhomocisteinemia #
La hiperhomocisteinemia se define como un aumento anormal en los niveles de homocisteína en sangre, un aminoácido sulfurado que es un intermediario en el metabolismo de la metionina, un aminoácido esencial. [...] Los niveles elevados de homocisteína están asociados con un mayor riesgo de formación de coágulos sanguíneos y otras complicaciones vasculares. (mejorar la definición)
Fisiopatología:
Metabolismo de la homocisteína: La homocisteína se forma a partir de la metionina, un aminoácido esencial. Normalmente, la homocisteína se metaboliza en cisteína o se convierte nuevamente en metionina mediante la acción de vitaminas B6, B12 y ácido fólico. La deficiencia de estas vitaminas o alteraciones en las enzimas responsables de este metabolismo pueden llevar a la acumulación de homocisteína en la sangre.
Daño endotelial: Niveles elevados de homocisteína pueden dañar el revestimiento interno de los vasos sanguíneos (endotelio), promoviendo la formación de placas ateroscleróticas y aumentando la tendencia a la formación de coágulos.
Alteraciones en la coagulación: La hiperhomocisteinemia puede alterar la función de los factores de coagulación y las plaquetas, contribuyendo a un estado de hipercoagulabilidad. La homocisteína también puede interferir con el metabolismo de la trombina y otros factores de coagulación.
Más información (artículo de homocisteína en ML)
Trombosis en ausencia de trombofilia #
No ser portador de una trombofilia, como las analizadas previamente, no excluye la posibilidad de presentar una trombosis en cualquier momento de la vida, particularmente en las circunstancias que a continuación se enumeran como las más importantes, no las únicas en donde se incluyen la inmovilización prolongada, las cirugías mayores y los politraumatismos, el embarazo, el cáncer y algunos medicamentos.
Inmovilización prolongada #
La falta de movimiento durante largos períodos, como ocurre después de una cirugía mayor o en pacientes politraumatizados, hospitalización prolongada o viajes largos en avión, puede causar estasis sanguínea, especialmente en las venas de las piernas y de allí a los pulmones. La reducción del flujo sanguíneo facilita la formación de trombos, principalmente en las venas profundas de las extremidades inferiores que pueden desprenderse y viajar a los pulmones y producir un tromboembolismo pulmonar.
Cirugía mayor y politraumatismos #
La cirugía, especialmente la cirugía ortopédica mayor, como el reemplazo de cadera o de rodilla, es una causa importante de trombosis. El trauma quirúrgico produce daño directo en los vasos sanguíneos, lo que activa el sistema de coagulación para prevenir hemorragias, pero también predispone a la formación de coágulos. Además, la inmovilización postoperatoria y el proceso inflamatorio pueden contribuir a la trombosis. Los traumatismos graves, como fracturas, también aumentan este riesgo por mecanismos similares.
Embarazo #
Durante el embarazo, el cuerpo se encuentra en un estado de hipercoagulabilidad natural para proteger contra hemorragias en el parto, lo que aumenta el riesgo de trombosis. El riesgo es mayor en el tercer trimestre y en las primeras semanas postparto.
Cáncer #
En los pacientes con cáncer se conoce como síndrome de Trousseau, o tromboflebitis migratoria, definido como una trombofilia adquirida que ocurre en pacientes con cáncer, particularmente adenocarcinomas de órganos como el páncreas, pulmón, estómago y colon. Se caracteriza por la aparición de trombosis venosa, muchas veces en múltiples localizaciones, sin una causa aparente, o bien trombosis migratoria recurrente.
Medicamentos (trombosis iatrogénica) #
Por alguna razón los medicamentos como causa de trombosis usualmente pasan desapercibidos. Se conoce algunos medicamentos que se asocian con una mayor prevalencia de trombosis dentro de los cuales se incluyen los utilizados en tratamientos para afecciones hormonales, oncológicas y autoinmunes. En los hormonales se incluyen los anticonceptivos orales que contienen estrógenos y progestágenos, así como la terapia hormonal en mujeres postmenopáusicas, están bien documentados como factores de riesgo para trombosis, especialmente la trombosis venosa profunda y tromboembolismo pulmonar. En los tratamientos oncológicos, además del riesgo de trombosis inherente a la neoplasia misma, algunos medicamentos utilizados en el tratamiento del cáncer han mostrado ser trombogénicos, en donde se incluyen el tamoxifeno que actúa como un modulador selectivo de los receptores de estrógeno, y su efecto en el sistema de coagulación es similar al de los anticonceptivos hormonales, al aumentar los factores procoagulantes. Otros medicamentos, como la talidomida, la lenalidomida y el bevacizumab, están asociados con un mayor riesgo de trombosis debido a que pueden activar el sistema de coagulación al dañar el endotelio vascular, aumentar la viscosidad sanguínea o generar un estado inflamatorio. También se puede presentar aumento de la actividad procoagulante con algunos biológicos como el evacizumab, un inhibidor del factor de crecimiento endotelial vascular, usados en el tratamiento de cáncer, el ruxolitinib, utilizados para tratar enfermedades mieloproliferativas, como la policitemia vera o la trombocitemia esencial y los inhibidores del factor de crecimiento endotelial vascular el sunitinib y el sorafenib, utilizados en el tratamiento de cáncer, bloquean la angiogénesis, la formación de nuevos vasos sanguíneos y pueden provocar trombosis al afectar la función vascular y aumentar la presión arterial; tratamientos con inmunosupresores como la ciclosporina y el tacrolimus, utilizados comúnmente en pacientes trasplantados para prevenir el rechazo de órganos, pueden aumentar el riesgo de trombosis. La ciclosporina y el tacrolimus pueden inducir daño endotelial, aumentar la presión arterial y alterar la función de los factores de coagulación; y. finalmente, los medicamentos que estimulan la producción de glóbulos rojos, como la eritropoyetina y sus derivados, utilizados en el tratamiento de la anemia, especialmente en pacientes con insuficiencia renal crónica o sometidos a quimioterapia. Estos agentes aumentan el riesgo de trombosis al elevar el hematocrito y la viscosidad sanguínea, lo que puede llevar a la formación de coágulos.
Los anticonceptivos orales que contienen estrógenos también incrementan el riesgo de trombosis, especialmente en mujeres con otros factores de riesgo, como obesidad o tabaquismo.
El consumo de tabaco daña el revestimiento interno de los vasos sanguíneos (endotelio), lo que promueve la activación de plaquetas y la formación de coágulos. Además, el tabaco aumenta la inflamación sistémica y la concentración de factores procoagulantes.
Enfermedades inflamatoria crónicas
Enfermedades como el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide y la enfermedad inflamatoria intestinal están asociadas con un aumento del riesgo trombótico debido a la inflamación crónica, que activa el endotelio vascular y el sistema de coagulación.
Síndrome nefrótico
enfeLa fibrilación auricular y la insuficiencia cardíaca son afecciones que predisponen a la trombosis debi
enfermedades cardiovasculares
do a la estasis sanguínea en el corazón o en las venas. La fibrilación auricular, por ejemplo, puede provocar la formación de trombos en el corazón, los cuales pueden desprenderse y causar un accidente cerebrovascular.
Obesidad
La trombosis es la formación anormal de un coágulo (trombo) dentro de un vaso sanguíneo, lo que puede bloquear parcial o totalmente el flujo sanguíneo. Aunque las trombofilias son causas frecuentes de trombosis, existen otras causas adquiridas no relacionadas con trombofilias que también predisponen a la formación de trombos.
Ferritina #

Imágenes sugeridas
La ferritina es una proteína intracelular que almacena hierro en el hígado, el bazo y la médula ósea. Una pequeña fracción circula en la sangre (ferritina sérica), y su concentración refleja de manera indirecta pero confiable las reservas corporales de hierro. Los valores esperados varían según la edad y el sexo. En adultos, se considera deficiencia de hierro cuando la ferritina es inferior a 1530 ng/mL; reserva suficiente para una eritropoyesis normal cuando supera los 30 ng/mL; e hiperferritinemia cuando es mayor de 200 ng/mL en mujeres y de 300 ng/mL en hombres. En diversas enfermedades, la ferritina sérica se encuentra disminuida principalmente en la ferropenia (anemia por deficiencia de hierro). Por el contrario, está elevada en la hemocromatosis hereditaria, en la sobrecarga secundaria por transfusiones múltiples, en el síndrome metabólico, en enfermedades inflamatorias crónicas (como artritis reumatoide y enfermedad renal crónica) y en la insuficiencia hepática (por liberación desde los hepatocitos dañados). Es crucial recordar que la ferritina también actúa como un reactante de fase aguda; por lo tanto, en presencia de inflamación o infección puede estar falsamente normal o elevada incluso cuando los depósitos de hierro están disminuidos. Esta limitación obliga a interpretar la ferritina sérica siempre en el contexto clínico y junto con otros parámetros de la ferrocinética, como el hierro sérico, la capacidad de transporte de la transferrina y la saturación de la transferrina. Solo así se puede evaluar correctamente el estado del hierro corporal y evitar errores diagnósticos.
Además, ferritina como reactante de fase aguda
De acuerdo con los valores de ferritina sérica en la práctica clínica se presentan dos situaciones anormales: hipoferritinemia e hiperferritinemia, como se analizará a continuación.
Hipoferritinemia #
La hipoferritinemia o ferropenia se determina cuando la ferritina sérica está por debajo de los valores esperados para la edad y el género. Generalmente, los valores de referencia son los siguientes:
Hombres adultos: 20-300 ng/mL
Mujeres adultas: 15-150 ng/mL (los niveles tienden a ser más bajos en mujeres debido a pérdidas menstruales)
Niños y adolescentes: Los niveles varían según la edad; en promedio, los valores pueden oscilar entre 7-140 ng/mL.
Mujeres posmenopáusicas: 20-300 ng/mL (los niveles tienden a ser más altos después de la Esquema
Es importarte enfatizar que la ferropenia es un proceso progresivo en donde se identifican al menos tres etapas, que se esquematizan en la figura x, a saber: (1) depleción de las reservas y hierro, etapa que se conoce como ferropenia latente, cuando el organismo empieza a consumir sus reservas de hierro almacenado, principalmente en el hígado, el bazo y la medula ósea. Los niveles de ferritina comienzan a disminuir, aunque pueden mantenerse dentro de rangos normales o ligeramente bajos, ya que el hierro funcional (en la hemoglobina) aún no se ve afectado. Los niveles de ferritina sérica usualmente están entre 15 ng/mL y 30 ng/mL [...]; (2) ferropenia sin anemia cuando el agotamiento de las reservas de hierro progresa, afectando el suministro de hierro disponible para tejidos y procesos metabólicos, aunque los niveles de hemoglobina aún se encuentran normales [...]. Los niveles séricos de la ferritina están por debajo de 12 ng/mL; y (3) deficiencia de hierro con anemia o anemia ferropénica, cuando la falta de hierro afecta la producción de hemoglobina, reduciendo la cantidad y calidad de los glóbulos rojos.
Figura x. Etapas de la deficiencia de hierro
La hipoferritinemia o ferropenia se define como la disminución de la ferritina sérica por debajo de los valores de referencia establecidos según la edad, el sexo y la situación fisiológica. Los valores orientativos en adultos son: hombres, 20 y 300 ng/mL; mujeres adultas, 15 y 150 ng/mL (niveles más bajos por pérdidas menstruales); mujeres posmenopáusicas, 20 y 300 ng/mL; y en niños y adolescentes, entre 7 y 140 ng/mL valor que puede variar según la edad. Es importante enfatizar que la ferropenia es un proceso progresivo que atraviesa tres etapas, esquematizadas en la figura X. La primera etapa (depleción de reservas o ferropenia latente) ocurre cuando el organismo comienza a consumir el hierro almacenado en hígado, bazo y médula ósea. Los niveles de ferritina disminuyen, pero pueden mantenerse entre 15 y 30 ng/mL, pues el hierro funcional de la hemoglobina aún no se afecta. La segunda etapa (ferropenia sin anemia) se caracteriza por el agotamiento progresivo de las reservas, lo que compromete el suministro de hierro para tejidos y procesos metabólicos, aunque e la hemoglobina permanece normal. En esta fase, la ferritina sérica desciende por debajo de 12 ng/mL. La tercera etapa (deficiencia de hierro con anemia o anemia ferropénica) se instala cuando la falta de hierro afecta directamente la producción de hemoglobina, reduciendo la cantidad y calidad de los eritrocitos. Es crucial recordar que la ferritina es también un reactante de fase aguda, por lo que niveles normales o elevados no descartan ferropenia en presencia de inflamación; en esos casos, debe complementarse el estudio con otros parámetros de la ferrocinética, como el hierro sérico, la transferrina y su saturación.
La etiología de la hipoferritinemia se agrupa en tres grandes categorías: aumento de pérdidas, disminución de la ingesta o absorción de hierro y aumento de los requerimientos fisiológicos. (1) Aumento de pérdidas: la causa más frecuente en adultos es la pérdida crónica de sangre, que puede ser gastrointestinal (úlcera péptica, gastritis, neoplasias colorrectales, angiodisplasias, enfermedad inflamatoria intestinal, hemorroides, hernia de hiato, esofagitis, infección por Helicobacter pylori o uso prolongado de antiinflamatorios no esteroideos), genitourinaria (menorragia, metrorragia, miomas, endometriosis o adenocarcinoma de endometrio) o respiratoria (hemoptisis recurrente en bronquiectasias o cáncer de pulmón), así como las donaciones de sangre frecuentes. (2) Disminución de la ingesta o absorción: incluye dietas pobres en hierro hemínico/hematínico (vegetarianos estrictos, desnutrición, anorexia nerviosa, ancianos), malabsorción por gastrectomía, cirugía bariátrica, enfermedad celíaca, gastritis atrófica, infección por Helicobacter pylori, enfermedad inflamatoria intestinal (enfermedad de Crohn) y síndrome de mala absorción generalizado. (3) Aumento de requerimientos fisiológicos: se observa en el embarazo (especialmente segundo y tercer trimestre), la lactancia, el crecimiento acelerado en niños y adolescentes, y los atletas de alto rendimiento (por hemólisis mecánica y pérdida por sudor). Otras causas menos frecuentes incluyen la hemoglobinuria paroxística nocturna (pérdida de hierro por orina), la hemosiderosis pulmonar idiopática y la insuficiencia renal crónica en hemodiálisis.
Finalmente, administrar hierro o transfusiones sin investigar a fondo la causa intima de la hipoferritinemia no es una buena práctica, sino potencialmente dañina para el paciente. Esta conducta retrasa o impide el diagnóstico de enfermedades graves subyacentes, como una hemorragia gastrointestinal oculta por una neoplasia colorrectal, una úlcera péptica sangrante o una gastritis por Helicobacter pylori. Al enmascarar temporalmente la anemia sin tratar su origen, se pierde la oportunidad de instaurar una terapia definitiva y curativa, se exponen a los pacientes a los riesgos inherentes a las transfusiones (reacciones alérgicas, sobrecarga férrica, infecciones) y se prolonga innecesariamente su sufrimiento. Por ello, la evaluación etiológica exhaustiva debe ser siempre lo prioritario.
Deficiencia de hierro #
[...]
Ferropenia sin anemia #
[...] fatiga y debilidad, disminución en el desempeño escolar o laboral, perdida de la concentración y la memoria, caída del cabello u uñas quebradizas y síndrome de piernas inquietas entre otras munchas manifestaciones clínicas. [...] en la figura x se esquematizan las etapas de la deficiencia de hierro y se correlacionan con los principales manifestaciones de laboratorio
En la enfermedad inflamatoria crónica, los niveles de ferritina sérica suelen estar elevados, incluso cuando hay una deficiencia de hierro funcional o real. Esto ocurre porque la ferritina actúa como reactante de fase aguda, aumentando durante la inflamación, la infección o el estrés. En estos casos, los valores de ferritina pueden superar los 100 ng/mL, e incluso llegar a ser mucho más altos, en función del grado de inflamación.
A pesar de estos niveles elevados, el hierro puede no estar disponible para su utilización debido al aumento de la hepcidina (una hormona que bloquea la liberación de hierro). Por ello, en enfermedades inflamatorias crónicas se puede observar anemia con niveles elevados de ferritina, y otros indicadores como la saturación de transferrina (menor al 20%) o el índice de saturación de hierro pueden ayudar a confirmar la deficiencia funcional de hierro.
Anemia ferropénica #
[...]
imagen
[...] n laLa deficiencia de hierro, con o sin anemia, donde la falta de hierro afecta la producción de la hemoglobina y los eritrocitos. de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud es la enfermedad más prevalente en los humanos, considerándose que hasta un 24,8% lo que corresponde para una población universal a 2024 de (población mundial) a (número de afectados en millones) de la población mundial tiene deficiencia de hierro [. .]. La situación de Colombia es grave: de acuerdo con la OMS, esta situación afecta al 47,4% de los niños en edad preescolar, al 41,8% de las mujeres gestantes, al 30,2% de las mujeres no embarazadas, al 12,7% de los hombres y al 23,9 de los adultos mayores de 60 años (bibliografía 1). La prevalencia en la población es de 27,7% lo que representa xxx personas con deficiencia de hierro (número) de los millones de colombianos (ref 1).
La deficiencia de hierro es multifactorial, en donde las principales causas están relacionadas con una ingesta dietética insuficiente de hierro, con la pérdida de hierro crónicamente como sucede en mujeres con menstruación abundante, en pacientes con sangrado crónico a través de tracto digestivo por ejemplo gastritis y úlceras pépticas, en pacientes con problemas de absorción intestinal como la enfermedad celíaca o la enfermedad inflamatoria intestinal.
embarazo [. .]
[...] en la figura x se esquematizan las diferentes etapas de la deficiencia de hierro con o sin anemia.
poblaciones de alto riego para deficiencia de hierro
la pica, definida como … es una de las principales manifestaciones de la hipoferritinemia síntoma que usualmente pasa desapercibida.
Más información [bibliografía]
Anemia ferropénica #
, corresponde a la etapa de la deficiencia de hierro previamente citada cuando los niveles de la hemoglobina y de los eritrocitos han disminuido a valor por debajo de los esperados para la edad y género como resultado de la deficiencia de hierro [. .] clásicamente, en la anemia por deficiencia de hierro, los niveles de ferritina sérica se encuentran por debajo de 15 ng/mL (unidades).
Ferropenia por enfermedades crónicas #
: Algunas enfermedades crónicas inflamatorias o infecciosas pueden causar una reducción en los niveles de ferritina debido a la retención de hierro dentro de las células del sistema reticuloendotelial, como ocurre en la artritis reumatoide, la enfermedad inflamatoria intestinal, la enfermedad renal crónica y el cáncer, entre otros.
Mecanismos involucrados
Síndrome de Restricción del Hierro #
: Es una condición en la cual hay una limitación general de hierro en el cuerpo, lo que puede llevar a niveles bajos de ferritina y otros marcadores de hierro. Puede ser causado por malabsorción crónica, dietas vegetarianas estrictas, o enfermedades que interfieren con la absorción de hierro.
Embarazo #
: Durante el embarazo, los niveles de ferritina pueden disminuir debido al aumento de la demanda de hierro para el feto y la placenta, especialmente si no se compensa adecuadamente con la ingesta dietética o suplementos de hierro.
Hiperferritinemia #
La ferritina elevada o hiperferritinemia se define como una elevación de los niveles séricos de la ferritina por encina de 200 ng/mL en mujeres y de 300 ng/mL en hombres. La hiperferritinemia puede ser hereditaria o adquirida y puede estar asociada con múltiples situaciones médicas como se analizará a continuación.
Hiperferritinemias hereditarias #
La hiperferritinemia hereditaria es una condición médica relativamente rara que en la práctica médica está representada por la hemocromatosis hereditaria y la hemocromatosis hereditaria con cataratas.
Hiperferritinemia primaria #
hiperferritinemia primaria o hemocromatosis hereditaria es un trastorno genético del metabolismo del hierro, causado por una absorción intestinal excesiva e inapropiada del mineral, que se acumula progresivamente en el hígado, el corazón, el páncreas, las articulaciones y las glándulas endocrinas. Esta condición se presenta como resultado de una deficiencia de hepcidina. La hepcidina, una hormona peptídica producida principalmente por el hepatocito, es la reguladora central de la homeostasis del hierro. Actúa uniéndose al transportador de hierro ferroportina, presente en enterocitos, macrófagos y hepatocitos, induciendo su internalización y degradación, lo que bloquea la salida de hierro desde estos compartimentos hacia el plasma. En condiciones normales, la hepcidina aumenta cuando hay exceso de hierro para inhibir su absorción, y disminuye en estados de deficiencia para facilitarla. En la mayoría de las hemocromatosis hereditarias, la producción de hepcidina es inadecuadamente baja para la carga férrica (tipos 1, 2A, 2B, 3 y 4B), lo que provoca una ferroportina constitutivamente activa y una sobrecarga de hierro acelerada. En el tipo 1 (gen HFE), hay déficit relativo de hepcidina; en los tipos 2A (gen HJV) y 2B (gen HAMP), hay deficiencia severa de hepcidina por afectación directa de las vías de señalización (BMP/SMAD); el tipo 3 (gen TFR2) también reduce la hepcidina. En el tipo 4A (ferroportina con pérdida de función), la resistencia a la hepcidina o la mutación de la ferroportina causa depósito de hierro en macrófagos con saturación de transferrina baja o normal. Sin tratamiento, la sobrecarga férrica produce cirrosis, hepatocarcinoma, diabetes, miocardiopatía, artropatía e hipogonadismo. El diagnóstico precoz con ferritina, saturación de transferrina y estudio genético permite instaurar flebotomías o quelantes, previniendo complicaciones.
Hemocromatosis hereditaria con cataratas #
Es un síndrome hereditario extremadamente raro, de transmisión autosómica dominante, caracterizado por la aparición temprana de cataratas e hiperferritinemia de magnitud variable. Se produce por mutaciones en el gen FTL (subunidad L de la ferritina), que alteran la regulación de la síntesis de esta proteína. A diferencia de la hemocromatosis clásica, estos pacientes no presentan sobrecarga férrica tisular, por lo que las flebotomías están contraindicadas, ya que inducen anemia rápidamente sin reducir la hiperferritinemia. De ahí la importancia de una evaluación médica integral que permita distinguir esta entidad de otras causas de hiperferritinemia, evitando tratamientos innecesarios o dañinos. El diagnóstico diferencial debe incluir también causas secundarias (inflamación, síndrome metabólico, hepatopatía) y otras primarias como la hemocromatosis hereditaria clásica, en la que sí está indicada la flebotomía.
Hiperferritinemias adquiridas #
La hiperferritinemias adquiridas están relacionadas con varias situaciones médicas entre la cuales las más importante son el síndrome metabólico, las hepatopatías alcohólicas y no alcohólicas, la siderosis y la hiperferritinemia iatrogénica, entre otras muchas causas, como se analizará a continuación.
Síndrome metabólico #
El síndrome metabólico, también conocido como síndrome dismetabólico, síndrome plurimetabólico, síndrome de resistencia a la insulina y síndrome X, se define como la agrupación de múltiples factores de riesgo cardiovascular en un mismo individuo. En este síndrome coexisten hipertensión arterial, trastornos del metabolismo lipídico, diabetes tipo 2, resistencia a la insulina y aumento del perímetro abdominal (obesidad central), definido como ≥90 cm en varones y ≥80 cm en mujeres de origen centro y suramericano. Además de su conocido impacto cardiovascular, el síndrome metabólico constituye una de las causas más frecuentes de hiperferritinemia en la práctica clínica. La ferritina elevada en estos pacientes no refleja una verdadera sobrecarga férrica, sino un estado de inflamación crónica de bajo grado y estrés oxidativo asociado a la resistencia a la insulina y la esteatosis hepática. Esta hiperferritinemia suele acompañarse de niveles normales o solo ligeramente elevados de saturación de transferrina, lo que ayuda a diferenciarla de la hemocromatosis hereditaria. Además, en este caso no están indicadas las flebotomías. En la tabla X se presentan los criterios armonizados para el diagnóstico del síndrome metabólico.
Tabla x. Criterios armonizados para establecer el diagnóstico del síndrome metabólico
Criterio
Valor
Perímetro abdominal
90 cm hombres y 80 cm en mujeres de origen centro y suramericano
Triglicéridos
> 150 mg/mL o estar tomando droga para hipertrigliceridemia
Colesterol HDL
< 40 mg/mL en hombre y > 5 en mujeres o estar tomando droga para hipercolesterolemia
Presión arterial
Sistólica > 130 mm Hg y diastólica > 85 mm Hg o estar tomando droga para hipertensión arterial
Glucosa en ayunas
> 100 mg/mL o estar recibiendo tratamiento para hiperglicemia
El diagnóstico de síndrome metabólico se estable cuando están presentes más de 3 de los 5 criterios positivos
Hepatopatía alcohólica #
Después del síndrome metabólico, la enfermedad hepática alcohólica —también denominada esteatosis alcohólica o hígado graso alcohólico— constituye, en la práctica clínica, la segunda causa más frecuente de hiperferritinemia. La infiltración grasa del hígado, que es la reacción más temprana y predecible de esta enfermedad, se presenta hasta en el 90 % de los bebedores crónicos. Aunque la condición suele ser benigna y reversible tras unos pocos días de abstinencia alcohólica, puede progresar: hasta el 10 % de los pacientes que persisten en el consumo desarrollan cirrosis hepática o incluso carcinoma hepatocelular como complicación final.
Hepatopatías no alcohólicas #
El hígado es uno de los órganos centrales en la homeostasis del hierro, por lo que cualquier enfermedad que ocasione daño hepatocelular (citólisis) provoca la liberación masiva de ferritina hacia el torrente sanguíneo, elevando sus niveles séricos. Esta hiperferritinemia por citólisis no debe confundirse con la enfermedad hepática no alcohólica (esteatosis), ya que el mecanismo es diferente. Entre las causas hepáticas de citólisis e hiperferritinemia se incluyen: infecciones virales (hepatitis B y C), fármacos (acetaminofén/paracetamol), enfermedades de depósito (hemocromatosis hereditaria, enfermedad de Wilson), enfermedades inmunológicas (hepatitis autoinmune), trastornos genéticos (déficit de alfa1 antitripsina, fibrosis quística) y obstrucción biliar. Además, diversas enfermedades extrahepáticas también pueden producir citólisis con elevación de ferritina: diabetes tipo 2, obesidad (incluyendo el síndrome metabólico), miocardiopatías y miopatías, hemólisis por cualquier causa, intoxicación por plomo (saturnismo), golpe de calor, quemaduras extensas, tratamiento con opiáceos o heparina, infarto renal o cerebral, pancreatitis aguda y enfermedad celíaca, entre otras. En todos estos casos, la ferritina elevada no refleja necesariamente sobrecarga férrica, sino daño celular agudo o inflamación.
Siderosis #
La siderosis, o siderosis pulmonar, también conocida como “pulmón de soldador” es una neumoconiosis benigna causada por la inhalación crónica de partículas de hierro, frecuente en soldadores, mineros y metalúrgicos. A diferencia de la hemocromatosis, la ferritina sérica y los parámetros de la ferrocinética (hierro sérico, transferrina y saturación de transferrina) permanecen dentro de rangos normales, ya que el hierro inhalado queda atrapado en los macrófagos alveolares sin sobrecarga sistémica. El diagnóstico se sospecha por antecedentes ocupacionales y se confirma por imagenología (opacidades pequeñas e irregulares en radiografía de tórax).
Hiperferritinemia iatrogénica #
importante agregar que la hiperferritinemia también puede tener causas iatrogénicas, derivadas de la acción médica o del propio paciente. Entre las más relevantes se incluyen las transfusiones sanguíneas repetidas (especialmente en anemias crónicas como la drepanocitosis o talasemias), la intoxicación aguda o crónica por hierro (por administración parenteral u oral en dosis altas sin deficiencia real) y procedimientos como hemodiálisis o dispositivos que favorecen hemólisis. En estos casos, la ferrocinética es clave para el diagnóstico diferencial. La sobrecarga iatrogénica cursa con ferritina elevada, hierro sérico alto, capacidad de fijación de hierro (transferrina) disminuida o normal, y saturación de transferrina aumentada (> 45 %), en contraste con la hiperferritinemia inflamatoria (saturación normal o baja) o la citolítica (ferritina elevada con ferrocinética normal). La hepcidina suele estar elevada como respuesta al exceso de hierro, pero en la sobrecarga transfusional puede ser inapropiadamente baja. Estos parámetros permiten distinguir la verdadera sobrecarga férrica de otras causas y guiar el tratamiento (quelantes o flebotomías), evitando complicaciones como toxicidad hepática o cardíaca.
Ver más Campuzano-Maya G. Estudio del paciente con hiperferritinemia. Medicina & Laboratorio. 2017; 23(9-10):411-42. https://www.medigraphic.com/pdfs/medlab/myl-2017/myl179-10b.pdf [168]
Helicobacter pylori #

Imágenes sugeridas figura 13
La infección por Helicobacter pylori es una de las infecciones crónicas más comunes en humanos, afectando a más del 50% de la población mundial. Se adquiere en la infancia y, si no es tratada, puede persistir durante toda la vida. Esta bacteria es capaz de sobrevivir en el ambiente ácido del estómago gracias a la producción de ureasa, una enzima que neutraliza el ácido gástrico y que es la base de las pruebas de aliento que se utilizan para su . Es de particular relevancia debido a su papel en la patogénesis de la gastritis crónica superficial que puede derivar con el paso del tiempo en un cáncer gástrico o un linfoma gástrico tipo MALT (tejido linfoide asociado a mucosas). Además, la infección por Helicobacter pylori está íntimamente asociada con la gastritis crónica superficial y con la enfermedad ácido péptica del estómago y del duodeno.
Importancia clínica y complicaciones
La mayoría de las personas infectadas por Helicobacter pylori son asintomáticas durante toda su vida; sin embargo, con el tiempo una proporción importante desarrolla enfermedades gástricas, como se esquematiza en la figura X. Entre ellas se incluyen la gastritis crónica, la enfermedad ácido-péptica (úlcera gástrica y duodenal) y, en los casos más graves, el adenocarcinoma gástrico y el linfoma MALT. El cáncer gástrico asociado a esta bacteria cobra aproximadamente un millón de muertes por año a nivel mundial, lo que representa un problema de salud pública de primera magnitud. Además, se han descrito múltiples enfermedades extradigestivas relacionadas con esta infección, como la anemia ferropénica, la púrpura trombocitopénica inmune y la deficiencia de vitamina B12, aspectos que serán analizados en otro espacio.
Detección, tratamiento y prevención
La detección y el tratamiento tempranos de Helicobacter pylori son clave para prevenir complicaciones graves y mejorar la salud gastrointestinal y general del paciente. El diagnóstico se realiza mediante pruebas no invasivas (prueba del aliento con urea marcada, detección de antígenos en heces, serología) o invasivas (biopsia endoscópica con cultivo, histología o pruebas moleculares). El tratamiento consiste en terapias combinadas con antibióticos e inhibidores de la bomba de protones, aunque la creciente resistencia a los antimicrobianos constituye un desafío terapéutico importante. En la figura X se muestra la estructura de Helicobacter pylori.
Manifestaciones clínicas de la infección por Helicobacter pylori #
La infección por Helicobacter pylori , como ya se ha expresado, es asintomática en la mayoría de los casos. Sin embargo, cuando se manifiesta clínicamente, los síntomas pueden agruparse en dos grandes categorías: manifestaciones gástricas y manifestaciones extragástricas. A continuación, se describen las principales características de cada una, así como su relación con enfermedades específicas y su abordaje diagnóstico.
Manifestaciones gástricas #
La infección por Helicobacter pylori es la causa más frecuente de gastritis crónica en el mundo y un factor de riesgo bien establecido para diversas enfermedades gástricas. Aunque la mayoría de los infectados son asintomáticos, las manifestaciones clínicas gástricas pueden agruparse de la siguiente manera: (1) Gastritis crónica superficial, la alteración histológica más temprana y común, caracterizada por infiltrado inflamatorio en la lámina propia sin atrofia; puede ser asintomática o causar dispepsia (término que engloba dolor o molestia epigástrica, ardor, saciedad precoz, náuseas y vómitos). (2) Dispepsia funcional, pues aunque controvertida, la erradicación de H. pylori mejora los síntomas en un subgrupo de pacientes, por lo que se considera una causa orgánica tratable. (3) Gastritis atrófica, consecuencia de la inflamación crónica prolongada que destruye las glándulas gástricas, reduciendo la producción de ácido y factor intrínseco; predispone a metaplasia intestinal y displasia, y se clasifica en tipo A (autoinmune, corporal) y tipo B (antral, asociada a H. pylori). (4) Metaplasia intestinal, que ocurre cuando el epitelio gástrico se transforma en un epitelio similar al intestinal con células caliciformes; es una lesión precancerosa que aumenta el riesgo de adenocarcinoma gástrico (riesgo relativo de 6 a 10 veces). (5) Displasia gástrica, la última etapa premaligna antes del cáncer invasivo, que puede ser de bajo o alto grado; su detección requiere vigilancia endoscópica periódica, y la resección endoscópica es curativa en lesiones tempranas. (6) Enfermedad ácido péptica: H. pylori es responsable de la mayoría de las úlceras duodenales (hasta el 95 % de los casos) y de un 6080 % de las úlceras gástricas no asociadas a antiinflamatorios; los síntomas clásicos incluyen dolor epigástrico que calma con la ingesta (úlcera duodenal) o que empeora con las comidas (úlcera gástrica), acidez, plenitud y, en casos complicados, hemorragia digestiva alta (melena, hematemesis) o perforación. (7) Cáncer gástrico (adenocarcinoma): H. pylori es considerado un carcinógeno tipo I por la OMS; la bacteria desencadena la denominada “cascada de Correa” (descrita por el médico colombiano, egresado de la Universidad de Antioquia, Pelayo Correa, quien la concibió antes del descubrimiento de la etiología infecciosa): gastritis superficial → atrofia → metaplasia intestinal → displasia → cáncer. La erradicación temprana reduce el riesgo, especialmente si se realiza antes del desarrollo de atrofia o metaplasia. (8) Linfoma MALT gástrico, un linfoma no Hodgkin de bajo grado que surge en el tejido linfoide asociado a mucosas, inducido por la estimulación antigénica crónica de H. pylori; en etapas tempranas (I o II), la erradicación de la bacteria logra la remisión completa en el 7080 % de los casos, siendo el tratamiento de primera línea. (9) Pólipos gástricos hiperplásicos, lesiones benignas que pueden aparecer en el contexto de gastritis crónica; aunque no son precancerosos por sí mismos, la erradicación de H. pylori suele reducir su tamaño y número. (10) Hiperplasia linfoide nodular, una proliferación benigna del tejido linfoide en la mucosa gástrica, más frecuente en niños y en pacientes con inmunodeficiencias, que también responde a la erradicación de la bacteria. En la figura X se esquematiza la cascada de Correa y la relación entre estas manifestaciones. La mayoría de los pacientes permanecen en los estadios iniciales (gastritis superficial o atrófica) sin progresar a neoplasias, pero la identificación y erradicación de H. pylori es fundamental para prevenir complicaciones graves.
Ver más Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori y los linfomas MALT del estómago. Medicina & Laboratorio 2006;12:111-142. [89]
[...] (falta introducción)
Figura x. Mucosa gástrica normal
Figura x. Mucosa gástrica infectada por Helicobacter pylori y gastritis crónica superficial
Pie de figura
Más información Campuzano-Maya G. Dispepsia: un síntoma, no una enfermedad. El papel de Helicobacter pylori y su aproximación al diagnóstico en la era poshelicobacter. Medicina & Laboratorio 2002;10:15-43. [77]
Figura x. Cascada de Correa en la génesis del cáncer gástrico a partir de la infección por Helicobacter pylori. Tomado de Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori y cáncer gástrico. Medicina & Laboratorio 2006;12:11-45.
Ver más Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori y cáncer gástrico. Medicina & Laboratorio 2006;12:11-45. [88]
Manifestaciones extragástricas #
Uno de los hallazgos más sorprendentes tras el descubrimiento de Helicobacter pylori ha sido el reconocimiento de que esta bacteria no solo afecta el estómago, sino que también se asocia con una amplia variedad de manifestaciones extradigestivas, algunas con mecanismos bien establecidos y otras aún en investigación. Estas manifestaciones impactan en múltiples especialidades médicas, y a continuación se enumeran las principales, agrupadas por área. Hematología: (1) Anemia ferropénica (deficiencia de hierro con o sin anemia) – numerosos estudios demuestran la asociación, debida a competencia por el hierro de la dieta, sangrado digestivo crónico y malabsorción; en muchos casos refractarios al tratamiento estándar, la erradicación de H. pylori “cura” la anemia, como se muestra en la figura X (algoritmo diagnóstico). (2) Anemia perniciosa – la bacteria contribuye al daño de las células parietales mediante mecanismos inmunológicos (autoanticuerpos, inflamación crónica, mimetismo molecular), lo que interrumpe la producción de factor intrínseco y la absorción de vitamina B12; la erradicación es beneficiosa en etapas tempranas. (3) Púrpura trombocitopénica inmune (PTI) – se ha demostrado la asociación a través de mimetismo molecular que induce autoanticuerpos contra las plaquetas; la erradicación de H. pylori mejora el recuento plaquetario y, según el algoritmo de la figura X, debe intentarse antes de tratamientos agresivos como esplenectomía. (4) Linfomas MALT extragástricos – además del linfoma MALT gástrico, se han descrito localizaciones en conjuntiva, glándulas salivales y tiroides; en estadios precoces, la erradicación puede inducir la remisión. Dermatología: las principales enfermedades cutáneas asociadas son (1) urticaria crónica (la más estudiada, con mejoría o curación tras erradicación), (2) rosácea, (3) púrpura de HenochSchönlein, (4) síndrome de Sjögren, (5) fenómeno de Raynaud, (6) angioedema, (7) dermatitis atópica, (8) esclerodermia y (9) alopecia areata (CampuzanoMaya describió la cura de esta última tras erradicar la infección). Pediatría: la infección se adquiere en los primeros años de vida; las manifestaciones incluyen (1) retraso del crecimiento y del desarrollo cognitivo, (2) dolor abdominal recurrente, (3) deficiencia de hierro y anemia ferropénica, (4) púrpura trombocitopénica inmune y (5) muerte súbita del lactante (posible intoxicación por amonio derivado de la ureasa bacteriana). Cardiología: la inflamación crónica inducida por H. pylori (liberación de citocinas proinflamatorias como IL1, IL6, TNFα) se ha relacionado con (1) aterosclerosis, (2) enfermedad coronaria e infarto agudo de miocardio, y (3) hipertensión arterial (la erradicación se ha asociado con una reducción de las cifras tensionales en algunos estudios). Neurología: las principales asociaciones neurológicas son (1) demencia y enfermedad de Alzheimer (la hiperhomocisteinemia inducida por deficiencia de vitamina B12 y la inflamación crónica contribuyen al deterioro cognitivo), (2) apoplejía (ictus), (3) síndrome de GuillainBarré y (4) enfermedad de Parkinson (se ha observado que H. pylori interfiere con la absorción de levodopa, empeorando el control motor). Odontología: la cavidad oral puede ser reservorio de la bacteria, y se ha relacionado con (1) halitosis, (2) caries dentales, (3) enfermedad periodontal y (4) estomatitis aftosa recurrente; la erradicación debe ser parte del manejo integral. Endocrinología: las asociaciones endocrinas incluyen (1) diabetes mellitus tipo 2 (la inflamación sistémica empeora la resistencia a la insulina y puede causar intolerancia a la metformina), (2) enfermedad tiroidea autoinmune (la erradicación mejora la absorción de levotiroxina) y (3) síndrome metabólico. Ginecobstetricia: en la mujer, H. pylori se asocia con (1) hiperémesis gravídica (la erradicación resuelve la mayoría de los casos), (2) síndrome de ovario poliquístico y (3) mayor riesgo de anemia ferropénica o por deficiencia de B12 durante el embarazo. Reumatología: la principal asociación es con artritis reumatoide; algunos estudios muestran una mayor prevalencia de la infección en estos pacientes, y la inflamación sistémica podría participar en la patogénesis. Otorrinolaringología: se ha sugerido una asociación con laringitis crónica y sinusitis crónica, aunque no está completamente establecida. Oftalmología: H. pylori se ha vinculado con (1) coriorretinitis central serosa, (2) glaucoma de ángulo abierto, (3) uveítis, (4) blefaritis y (5) linfomas MALT de la conjuntiva, probablemente por mimetismo molecular y liberación de citocinas. En resumen, la infección por Helicobacter pylori es un factor etiológico o desencadenante de una amplia gama de enfermedades extragástricas que afectan a casi todas las especialidades médicas. El médico debe sospechar esta asociación en pacientes con manifestaciones atípicas o refractarias a los tratamientos convencionales, y considerar el diagnóstico y erradicación de la bacteria como parte del manejo integral. Las figuras X (algoritmos) referenciadas en el texto original orientan la toma de decisiones en cada escenario.
Algoritmo
Figura x. Algoritmo de diagnóstico y manejo de la deficiencia de hierro en la era poshelicobacter en poblaciones de alta prevalencia de la infección. Tomado de Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori and hematologic diseases. In: Roesler BM, ed. Extradigestive manifestations of Helicobacter Pylori infection - An overview 2016:33-73.
Más información Campuzano-Maya G. La anemia como manifestación de la infección por Helicobacter pylori Medicina & Laboratorio 2014;20:111-134. [154]
Mas información Campuzano-Maya G. Hematologic manifestations of Helicobacter pylori infection. World J Gastroenterol 2014;20:12818-12838. 10.3748/wjg.v20.i36.12818. [180]
Mas información Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori and hematologic diseases. In: Roesler BM, ed. Extradigestive manifestations of Helicobacter Pylori infection - An overview2016:33-73. [3]
Figura x. Algoritmo de diagnóstico y manejo de la anemia perniciosa en la era poshelicobacter en poblaciones de alta prevalencia de la infección. Tomado de Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori and hematologic diseases. In: Roesler BM, ed. Extradigestive manifestations of Helicobacter Pylori infection - An overview 2016:33-73.
Más información Campuzano-Maya G. La anemia como manifestación de la infección por Helicobacter pylori Medicina & Laboratorio 2014;20:111-134. [154]
Mas información Campuzano-Maya G. Hematologic manifestations of Helicobacter pylori infection. World J Gastroenterol 2014;20:12818-12838. 10.3748/wjg.v20.i36.12818. [180]
Mas información Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori and hematologic diseases. In: Roesler BM, ed.
Figura x. Algoritmo de diagnóstico y manejo de la púrpura trombocitopénica autoinmune mediada inmunológicamente en la era poshelicobacter en poblaciones de alta prevalencia de la infección. Tomado de Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori and hematologic diseases. In: Roesler BM, ed. Extradigestive manifestations of Helicobacter Pylori infection - An overview 2016:33-73.
Figura x. Algoritmo de diagnóstico y manejo de la púrpura trombocitopénica autoinmune mediada inmunológicamente en la era poshelicobacter en poblaciones de alta prevalencia de la infección. Tomado de Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori and hematologic diseases. In: Roesler BM, ed. Extradigestive manifestations of Helicobacter Pylori infection - An overview 2016:33-73.
Más Información Campuzano-Maya G. Proof of an association between Helicobacter pylori and idiopathic thrombocytopenic purpura in Latin America. Helicobacter 2007;12:265-273. 10.1111/j.1523-5378.2007.00502.x [175]
Más información Campuzano-Maya G. La trombocitopenia inmune como manifestación de la infección por Helicobacter pylori. Medicicina & Laboratorio 2014;20:211-240. [155]
Más información Campuzano-Maya G. Helicobacter pylori y los linfomas MALT del estómago. Medicina & Laboratorio 2006;12:111-142. [89]
Más información
Plasma sanguíneo #

Imagen sugerida
El plasma sanguíneo, por su rica composición, refleja numerosas enfermedades a través de alteraciones en sus proteínas, electrolitos, nutrientes, productos de desecho, gases y factores de coagulación. Su análisis mediante pruebas de laboratorio permite diagnosticar, monitorear y tratar estas condiciones.
Enfermedades relacionadas con proteínas plasmáticas #
La albúmina, la proteína más abundante, disminuye en la cirrosis hepática (por falla en su síntesis), en el síndrome nefrótico (por pérdida renal) y en la desnutrición proteica. La hipoalbuminemia produce edemas por reducción de la presión oncótica. Las globulinas aumentan en enfermedades inflamatorias crónicas, infecciones y gammapatías monoclonales como el mieloma múltiple, donde se produce una inmunoglobulina anormal (proteína M) que puede causar insuficiencia renal, lesiones óseas y anemia. La hipergammaglobulinemia policlonal ocurre en cirrosis, lupus eritematoso sistémico y artritis reumatoide. La deficiencia de inmunoglobulinas (agammaglobulinemia o hipogammaglobulinemia) predispone a infecciones recurrentes. El fibrinógeno aumenta en procesos inflamatorios (trombofilia adquirida) y disminuye en coagulación intravascular diseminada (CID) o hepatopatías graves, con riesgo hemorrágico.
Bibliografía (articulo de proteínas)
Ver mas (articulo de proteinas) e imagenes de electroforesis normal y anormales)
Enfermedades relacionadas con coagulación plasmática #
Las deficiencias de factores de coagulación causan hemofilia A (déficit de factor VIII), hemofilia B (factor IX) y enfermedad de von Willebrand, con tendencia hemorrágica. El déficit de vitamina K afecta factores II, VII, IX y X. La CID consume factores y plaquetas, produciendo sangrado y trombosis simultáneos. Las trombofilias (déficit de proteína C, proteína S o antitrombina) predisponen a trombosis venosa recurrente.
Enfermedades relacionadas con electrolitos plasmáticos #
Los desequilibrios de sodio son frecuentes: la hiponatremia (sodio bajo) ocurre en insuficiencia cardíaca, cirrosis, síndrome de secreción inadecuada de hormona antidiurética (SIADH) o uso de diuréticos; la hipernatremia (sodio alto) se ve en deshidratación, diabetes insípida o coma hiperosmolar. El potasio es crítico: la hiperpotasemia (potasio alto) aparece en insuficiencia renal, acidosis metabólica o destrucción celular masiva (rabdomiólisis, hemólisis), y puede causar arritmias fatales; la hipopotasemia (potasio bajo) se asocia a diuréticos, vómitos, diarrea o hiperaldosteronismo. Los trastornos del calcio incluyen hipocalcemia (en hipoparatiroidismo, deficiencia de vitamina D, insuficiencia renal) que produce tetania, e hipercalcemia (en hiperparatiroidismo, neoplasias malignas) que genera litiasis renal, estreñimiento y confusión. El magnesio bajo (hipomagnesemia) ocurre en alcoholismo, diuréticos o diarrea crónica; el alto (hipermagnesemia) en insuficiencia renal.
Enfermedades relacionadas con nutrientes plasmáticos #
La hiperglucemia (glucosa elevada) define la diabetes mellitus, con complicaciones microvasculares y macrovasculares; la hipoglucemia se asocia a insulinomas, exceso de insulina o ayuno prolongado. Las dislipidemias (colesterol y triglicéridos elevados) constituyen factores de riesgo para aterosclerosis, enfermedad coronaria y pancreatitis aguda (hipertrigliceridemia extrema). La deficiencia de vitaminas (B12, folatos) cursa con anemia megaloblástica y niveles plasmáticos disminuidos.
Enfermedades relacionadas con productos de desecho plasmáticos #
La urea y creatinina elevadas indican insuficiencia renal aguda o crónica. El ácido úrico alto (hiperuricemia) produce gota (artritis por depósito de cristales) y nefrolitiasis. La bilirrubina elevada causa ictericia, visible en enfermedades hepáticas (hepatitis, cirrosis), obstructivas (litiasis biliar, tumores) o hemolíticas.
Enfermedades relacionadas con gases plasmáticos #
La hipoxemia (bajo oxígeno) se observa en enfermedades pulmonares (EPOC, neumonía, fibrosis pulmonar) y cardíacas. La hipercapnia (dióxido de carbono elevado) ocurre en insuficiencia respiratoria. Los trastornos del pH sanguíneo incluyen acidosis metabólica (diabetes descompensada, insuficiencia renal, shock) y alcalosis metabólica (vómitos, diuréticos).
En resumen, el plasma sanguíneo, mediante el análisis de sus componentes, ofrece una ventana diagnóstica invaluable para detectar y dar seguimiento a un amplio espectro de enfermedades sistémicas.
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